INFORMATEADOS| ivars, 2004

INFORMATEADOS

Galería Raquel Ponce, Madrid,2004

 

INFORMATEADOS es una exposición en la que se presentan las relaciones y conflictos entre la formación, la información y la informatización en la vida de los seres humanos en una época a la que algunos comienzan a llamar post-humanista. La fluctuación –el vaivén-, las inversiones rítmicas de imágenes en positivo y negativo, los bucles, la discontinuidad, el trazado de redes, son aspectos funcionales y morfológicos con los que comparar la manipulación “formativa” con la “informativa”, uno de los trayectos esenciales -no lineal, ni único- de una exposición que no pretende ser exhaustiva ni dar respuestas morales a las consecuencias del “informateado” de las conciencias humanas, sino cuestionar las relaciones complejas de los diversos ámbitos de la vida, de un asunto que parece interesarnos a todos, especialmente en estos últimos tiempos en los que la simplificación del terror y de la amenaza constante -por ejemplo, y provenga de individuos aislados, de pequeños grupos, de los estados o de organizaciones nacionalistas o transnacionales-  es considerado por algunos como un medio de expresión y otro modo de informateado.

A través de la pizarra -seguramente la primera pantalla institucionalizada mundialmente-, como material de uso para la transmisión de saberes (la alfabetización, la formación y la instrucción)- y los medios de comunicación televisuales (producto de la revolución de la transmisión de información gracias a las nuevas tecnologías) se establece un diálogo a-paralelo entre ambos tipos de pantallas poniendo de manifiesto sus diferencias y sus similitudes y, en último término, las consecuencias que para los humanos han supuesto ambos medios como “formateado” de las estructuras mentales.

Una pizarra recorre todo el perímetro del espacio expositivo, y en la variación de cinco ambientes diversos (la escuela, el espacio público, el lugar de trabajo, la privacidad de la vivienda y el espacio final de reflexión) se conjuga con los medios de comunicación (pantallas de diversos formatos) estableciendo relaciones problemáticas o de coincidencia con ellos.

En la pizarra, a medida que profundizamos en la exposición, se va organizando una extraña trama con elementos diversos de configuración progresiva que evolucionan desde el aprendizaje de contenidos habitualmente docentes pero también doctrinarios, pasando por las imposibilidades e impotencias en forma de lista de verbos en forma reflexiva pero imposibles (abducirse, crucificarse, lloverse, etc.) hasta la disolución de los contenidos en una pura tautología de la red de comunicación en forma de mapa que también configura una especie de jaula virtual (o académica) . En las pantallas televisuales se suceden cinco combinaciones diversas:

International black-boards

imágenes fotográficas de la world wide web en las que se aprecian pizarras de todo el mundo y sus correspondientes operadores humanos aprendiendo o enseñando mientras una joven superpuesta borra sin cesar una pizarra vacía de contenidos y a su espalda se producen ocasionalmente relámpagos de luz con el sonido estruendoso de detonaciones.

Te estamos robando

una interpelación directa al público que fue presentada en las pantallas del Metro de Madrid  en la que en un movimiento lateral de vaivén, aparece en negativo la imagen doble del autor con una nariz roja (esta sí en positivo).

Mitin-anti-mitin

una especie de parodia de mitin del propio autor.

Trampas en el solitario

serie de inversiones entre lo íntimo y lo público en un espacio privado en la que el autor (en negativo) hace un solitario con naipes cuyo anverso es siempre blanco (sin valor numérico ni simbólico) –en el reverso siempre aparece su imagen en positivo- mientras de fondo (en positivo) se suceden imágenes de la televisión.

Formato tautológico

un reflejo/reflexión en bucle de la filmación de una pantalla cuyo contenido es la misma pantalla filmada por una cámara en tiempo real y en la que el espectador puede aparecer ocasionalmente. En la cámara, la filmación se hace en modo negativo así, cuando se observa la pantalla que se repite a sí misma de modo infinito, se suceden las alternancias en profundidad de lo positivo y lo negativo, y el espectador también puede observarse desapareciendo, empequeñeciéndose en el infinito, alternativamente en positivo y en negativo .

TEXTO GENERAL DE LA EXPOSICIÓN

ULISES Y EL ESCARABAJO PELOTERO. (Advenedizos e informateados)

 Entre Ulises y el escarabajo pelotero existe una relación secreta, cómplice; como entre Penélope y la pelota. Quizá podamos entendernos. En Grecia, Homero, antes que Platón y a diferencia de los chinos, por ejemplo, nos mostró el mundo claramente dividido, especializado, en “espacios Ulises” y “espacios Penélope”, en escarabajos y pelotas. Ulises y Penélope son maquinarias psicofísicas independientes reunidas por Homero en una unidad metafórica-metafísica (trascendente) que es la Odisea, planteada como una épica de la distancia y del lugar. Mientras Ulises, el escarabajo humano, el mundano, se aventuraba en los mares y tenía encuentros con brisas y detritus del mundo, Penélope, en otro mundo, tejía una enorme pelota en la que enclaustrarse y proteger su autonomía. Ulises, el desterritorializado, el advenedizo compulsivo, el táctico, cree que sólo como advenedizos se nos ofrecen las diversas caras del mundo y, sin embargo, no deja de anhelar el regreso a casa. Penélope, la territorializada, la estratega, la informateada, se obstina en el telar para producir una red que la protege tanto como la limita, que la expande tanto como la secuestra. Y ambos, Ulises y Penélope, son la memoria respectiva, separada, de “el otro”. Es la  manera griega, y la de algunos más, de ver las cosas.

La manera china, la de sus ancestros yin y yang, y la de tantos epígonos occidentales trans-modernos, no es así. Existe una función compleja escarabajo/pelota como existe una función compleja memoria/olvido, Penélope/Ulises. Si no hay pelota, no hay escarabajo pelotero, si no hay Penélope, no hay Ulises. O se dan ambos, no en espacios distintos sino en espacios-tiempos unitarios, sucesivos y alternos, o no se da ninguno. Son funciones ambivalentes;  el Universo es una bonita colección de ellas.

¿Obedece Penélope tejiendo en casa con las estelas que va dejando Ulises en sus travesías? ¿O es Ulises, enviado por aquélla a surcar el Mediterráneo, quien alimenta con sus estelas la máquina tejedora de Penélope? ¿Es el escarabajo el supremo hacedor de la pelota? ¿O es la pelota la que alimenta la existencia del escarabajo?

Sin Ítaca/Penélope/Tierra/Red/Estrategia… Laberinto… no existe Mediterráneo/Ulises/Mar/Deriva/Táctica… Minotauro… ; sin la actitud paciente, arraigada, agrícola, domesticada, silenciosa, no existe la aventura, el riesgo, el desarraigo, la caza, la comunicación. Y viceversa. Sin confundirse con ella, el escarabajo está tan dentro de la pelota -y a la inversa (¿quién transporta a quién?)- que sus destinos ruedan y se enriquecen sólo si ambos forman una máquina de hacer mundo. La máquina Ulises/Penélope no es distinta. Ulises y Penélope son aspectos maquínico-funcionales (inmanentes) reunidos por Oriente en una unidad psicofísica mente/cerebro y que funcionan articuladas en espacios/tiempos segmentados: espacio-tiempo Ulises que deviene penélopes, espacio-tiempo Penélope que deviene ulises, y su funcionamiento es alterno y diacrónico, no continuo ni sincrónico. Espacio-tiempo escarabajo que deviene pelotas, espacio-tiempo pelota que deviene escarabajos. Verdaderas inversiones y multiplicidades. Corpúsculo y onda: función luz. Una épica de la diferencia y del momento. Hasta aquí, la que llamamos manera china.

Pero, evitando tentar los diablos del extremo, los grandes enemigos de la conciencia humana (la simplificación y la confusión), ¿no existe también una función espacio-temporal Homero/Lao-tsé? ¿O, una función Sócrates/Confucio? En fin ¿una función oriente/occidente? Una función que -como la función pantalla (pizarra o electrónica), configuradora de formatos como todas… ¿no es siempre doble y problemática? Y no hablamos de dialécticas que nos conduzcan a síntesis, sino de articulaciones espacio temporales que nos hablan de ritmos y danzas. Para… bailar con Shiva. No decir la complejidad –tan antigua como la inteligencia-, no explicitarla si no es en el terreno de la didáctica con el fin de no olvidarla; siempre estuvo ahí:  Lao Tsé, los presocráticos, la vida, Deleuze, el shivaísmo, Velázquez, el Libro de las Mutaciones, Nietzsche, Bach, el zen, la vía intermedia, Borges, el potlatch, Duchamp y un largo etcétera. Por tanto, no decir la complejidad, tratarse con ella, hacerla. Siempre dispuestos a generar rítmicamente la función inversa: ¿advenedizos y/o informateados?; siempre dispuestos a generar radicales libres mediante los que facilitar el enlace y ramificar el azar…

-¿Me consideras un hombre culto y leído?

-Sin duda -replicó Zi-gong- ¿No lo eres?

-En absoluto -dijo Confucio-. Tan sólo he agarrado el hilo que enlaza el resto.

 

Alejandro Magno, discípulo de Aristóteles, ante la imposibilidad de desembrollar el nudo “gordiano” hecho con cuerdas que habían puesto ante él algunos sabios, desenvainó su espada y lo deshizo de un tajo.

 

Un miembro de la audiencia le preguntó: ”Dr. Suzuki, cuando usted utiliza la palabra realidad, ¿Se está refiriendo a la realidad relativa del mundo físico o a la realidad absoluta del mundo trascendental?”. Cerró los ojos y adoptó esa actitud característica que algunos de nosotros llamamos “hacer el Suzuki”, y en la que nadie podía asegurar si estaba en profunda meditación o completamente dormido. Tras pasar aproximadamente un minuto en silencio abrió los ojos y dijo: “Sí”.

 

Tratarnos con la complejidad puede ser una de las maneras de tratarnos “clínicamente”. Aunque la amputación, siempre es otra manera, “quirúrgica”, de hacerlo. O, quizás… no sea una cuestión de tratamiento sino una cuestión de diagnóstico, es decir una pregunta. Porque, como nos dice Jorge Wagensberg en su libro Ideas sobre la complejidad del mundo “responder es un proceso de adaptación y preguntar un acto de rebelión”. Y uno se pregunta, ¿es responder una actitud de astucia y preguntar un acto de inteligencia? ¿es responder una toma de poder y preguntar una voluntad de fuerza?

¿En qué estamos? ¿Cuál es este momento… un momento Confucio, un momento Alejandro, o… un momento Suzuki? ¿Cómo gestionar el devenir? ¿Mediante la invisibilidad, mediante la espectacularidad o… apenas gestionarlo? ¿Políticas de la diplomacia, políticas urgentes, o casi… políticas? ¿Arte de la complejidad, arte de emergencia o… apenas arte? ¿No son todos ellos –la variaciones de momentos, gestiones, políticas, artes- unos riquísimos espacios-tiempos que deberíamos aprender a ritmar en lugar de contribuir a que se aniquilen entre ellos? Seguramente el “Sí” de Suzuki es una de las mejores preguntas que uno puede encontrar… ¿o no?

TEXTO DE LA OBRA MITIN-ANTI-MITIN

MITIN-ANTI-MITIN[1]

(texto de la acción del mismo título, publicado en 2004)

Me propongo reflexionar sobre un cualquiera al que más que la reflexión le interesa la flexión. Ese cualquiera es “yo”. El yo es fruto de un programa socio-económico-cultural-histórico, es decir de un programa de conservación; un producto en conserva tanto como el Estado o la Banca, así que para hablar de ese yo quiero hacerlo desde ese “mí”, que no es “yo”, como nos dice Agustín García Calvo. Y me gustaría llegar a ese ti que está en ti, a esa intimidad que está en cada uno. Así que, el que va a hablar es “mí” y lo va a hacer del “yo”. Pero, que no haya confusiones, este “mí” es cualquiera, sólo que es el que tengo a mano, y este “yo” también es cualquiera, un producto que arrastramos y del que no sabemos desembarazarnos o al menos convivir con él. Pero a ese “yo” le voy a hablar como si no fuese mío, es decir con la distancia a la que se habla de lo ajeno, tan ajeno como a veces se encuentra uno a sí mismo. Y aunque por momentos parezca que hablo de otros, no ceso de hablar de ese yo bastante común al que quiero señalar con el dedo. Así que, el “mí” le va a dar un mitin al “yo”. Y por testigos, y quién sabe si cómplices, quisiera tener al par de ellos que hay en cada uno de nosotros.

 (Artistas sin fronteras)

Adivina adivinanza. La hora de los halagos parece haber terminado y empezamos a caer en la cuenta de que no lo hacemos tan bien como creíamos.

Meemos culpas y salpiquemos. Después de la última profecía: la era posmediática (aún no habíamos terminado de ser posmodernos y mediáticos cuando ya estamos en otro asunto), no podemos seguir escuchando las alabanzas de los artistas/flautistas de Hamelin que encandilan, no a las masas sino -lo que es peor-, a aquellos pensadores que, en lugar de crear conceptos e identificar valores (si no universales, al menos endoconsistentes o mínimamente complejos), pagan franquicia por las ideas de otros para establecerse en las boutiques de moda proponiendo valores virtuales de temporada. Las tendencias e hiperespecializaciones, los blindajes, nos rodean y es difícil escapar de ellos -incluso inadvertidamente se cuelan en nuestras mentes adormeciendo cualquier posibilidad de vigilia y pretendiendo tomar el mando como en una especie de cumplimiento de la división del trabajo-: ciberarte, arte activista, post-apropiacionismo y simulacro, arte del cuerpo, arte de la identidad o de la otredad, arte del género y del transgénero, arte frívolo, arte doméstico, arte de lo cotidiano, arte de club, arte mestizo, net art, arte filosófico o metafísico o místico, meta-arte, arte relacional, arte de… El mayor logro del Sistema: divide y vencerás.

La flauta de la que aquí me ocupo, no creo que me vuelva a ocupar de otras, (es cansado y de muestra bien vale un botón) esta flauta, digo, una de las que ahora suena más fuerte, es un eje alrededor del cual gira el monopolio multinacional de la simplificación amplificada de la siguiente cantinela:

todo pensamiento artístico hoy día o es político-social-denunciante-metairónico-festivo o no es artístico o no es pensamiento o no es actual.

No nos dejan alternativa a esta disyuntiva ni nos permiten abrir algún resquicio a la complejidad capaz de relativizar el aparatoso apellido de este arte. Cuando el apellido puede con el nombre se produce un cisma, pero el ecumenismo mediático aún nos mantendrá unidos mucho tiempo, cosidos en los lomos de las publicaciones o en los salpicados de píxeles.

Cada vez, en fin, que uno de estos flautistas señala con su flauta el trayecto de los culpables y el territorio de la inocencia  (culpables son todos aquellos que utilizan lo obvio como medio y no como fin, inocentes los que desbrozan de complejidades el camino a golpe de machetazo radical), cada vez que el flautista señala con su flauta, digo, no persigue sino hacernos la vida más fácil aclarándonos, en pos del bien común, dónde están y quiénes son los malos de esta fábula-mundo. Estos bandoleros que se echan encima de los malvados con sus alforjas llenas de consignas, suelen cabalgar a lomos de mulas ciegas que les encaraman a lo más alto para desde allí dictar las normas (siempre, por supuesto, que estas normas no parezcan tales sino eslóganes seductores que el lector iniciado descubre como un acertijo y que le distinguen con el status de espectador inteligente, y concienciado). Las fronteras quedan claras -el enemigo bien identificado, siempre afuera- y se establece un apresurado paterismo intelectual hacia la tierra de los iluminados desde la que nos arengan: ¡Compañeros. Pensemos juntos, hablemos más, colaboremos! Buen rollito… y tal.

Los autollamados operadores estéticos (algún alma sucia los llama asistentes sociales) y sus mulas de carga, no son malos chicos sino unos tontos muy listos, que es una de las cosas que se lleva.  Ya quisiéramos tener como artistas las mentes a pelo de los verdaderos asistentes y agentes sociales que realizan activismo real y no enfundados en monos de operadores estéticos de medio pelo. Y, por supuesto, nada que objetar, sin embargo -excepto que se le llame arte-, a lo que podríamos llamar inspección cultural: las denuncias reales, desde la inteligencia de sus acciones, de los tejemanejes del sistema negocio/ocio/cultura. Ya se decía que cuando todo es cultura de…(lo que sea), nada lo es; lo mismo con el arte. Así que, detrás de estos flautistas -quién sabe si delante con un silbato inaudible pero alucinógeno- las ratas económicas y ciertos profesores y críticos de arte forman una extraña comitiva a medio camino entre la procesión sacra y el carnaval. Estos bien nacidos abren paso a -y se abren paso entre- las masas por los lugares, y sobre todo los manidos no-lugares del arte, entonando sus motetes o chirigotas, según se tercie, y deleitando con sus ingenios (sus erudiciones de archivo, sus copias y sus refritos mediáticos, sin más) todos los oídos limpios urbi et orbe.  Pero los acomplejados ante la complejidad del mundo, saben que estos obispos laicos o estas reinas del carnaval en serio, lo que jamás harán será hacer vibrar su intimidad ni ponerla verdaderamente en juego con esa complejidad; su plumero no es sino para limpiar el Mundo del Capital (que capitaliza sus talentos) y por tanto no puede vérseles: siempre afuera, siempre rojos… es un decir. Como siempre: se trata de hacerle el favor al pueblo de que te haga el favor de permitirle hacerle favores, e-t-c (e tutti contenti).

¿Veremos el final de estas actitudes en un futuro próximo? ¿Veremos el entierro de la sardina correctamente incorrecta o el paso del resucitado que camina sobre la miseria? ¿Veremos el día final de este carnaval y esta cuaresma?

Una cosa es profetizar la era posmediática como si estuviese a la vuelta de la esquina y otra desespectacularizar a los pobres del mundo… Los buenos/malos chicos, que nos movilizan las conciencias con el exclusivo imperio de lo obvio, no nos dejarán caer -gracias a su hiperespecialización en el reporterismo de denuncia (artistas sin fronteras) – en un abandono del progresismo. Bienvenido, sin embargo, todo el trabajo documental de cientos de buenos reporteros gráficos y escritos que nos informan y nos alertan de las atrocidades cometidas en el ancho mundo sin ponerse medallas al mérito de las bellas artes y sin usufructuar la miseria de los otros. Los media se utilizan para el anuncio o la denuncia, en eso estamos, no hay más rastros que seguir por ahora ¿o sí?. Y uno ya no sabe si tirar la primera piedra o seguir poniendo la misma.

Resulta curioso observar cómo se ha conseguido la fusión arte-vida: los políticos (y vendedores de cualquier tipo) adquieren su imagen desde el conocimiento y la creación surgidos en los terrenos artísticos y del pensamiento; su look resulta de sofisticados estudios de imagen y de psicología de la percepción o de la sociología o de la antropología… El arte, por su lado, va adquiriendo –cada vez más- la simplificación de los eslóganes mediáticos proporcionados por la publicidad y las encuestas que los políticos (y vendedores de cualquier tipo) tan bien han sabido financiar y gestionar. Qué suelen ser las revistas especializadas sino encuestas de opinión (a veces explícitamente con sus listas top) para saber por dónde van los tiros y no tener que deambular por nuestros propios vericuetos. El tiro bien fijo, como los de las mulas, ya lo decíamos antes. Eficacia del binomio arte-vida, ¿quién da más?.

Hay contradicciones inevitables, pero no todas lo son. Bajo la gran pantalla -en etnicolor para algunos, como si la técnica del mestizaje no perteneciera ya también al terreno de lo evidente-, el manto del ecumenismo mediático que nos cubre a todos, las escaramuzas continúan y… ¡que no nos falten! Algunos pensamos que cualquier arte amparado en un apellido, está negando su función -que no es concreta-, desatendiéndola y cobijándose en el instrumentalismo (del bien común y del beneficio propio inmediatos), como la ciencia-técnica más reduccionista. No rechazamos las evidencias, las usamos, pero deberíamos pensar que hay más cosas que hacer en el mundo que estar todo el tiempo en él. (Estar todo el tiempo en el mundo nos impide verlo y alejarnos definitivamente de él nos deja sin materiales de construcción). La denostada conciencia de culpa así como la nostalgia del Todo que ahora sabemos Múltiple parece que nos reclaman de nuevo pero, más que para infligirnos un simple autocastigo o sumirnos en la esquizofrenia, lo hacen para apremiarnos a recuperar cierto estado de vigilia que nos ayude a escapar de la hipnotización del éxito canalla y del río revuelto donde los que más pescadillas cogen son los que tienen más amiguetes sujetando su red. Pero la red de complejidades es tan grande que no hay especialidad que la abarque, sólo caben aproximaciones a sus intersticios desde el pensamiento y el juego del arte transformados en construcción, pero ni uno ni otro saben de especialidades; otra cosa es que sean forzados o que se dejen manipular. Esto incluye a las ciencias y a toda actividad con verdadera potencia de creación. Y excluye el rentabilismo del interés,  fijo o variable. No nos gustan las hipotecas. Las especialidades son necesarias, pero no deben erigirse en absolutismos metodológicos.  Pues ¿qué es una hipoteca?, un trueque mediante el que te afincas y a cambio pagas. El conocimiento, es una hipoteca, te afincas en tu área y pagas con ignorancia el resto de tu vida. El conocimiento es insular, nuclear, atómico, progresivo. Y desprecia los intersticios. Sin embargo son esos intersticios los que son interesantes. La sabiduría antigua se trataba con ellos. La sabiduría es intersticial, oceánica, molecular, acumulativa. Y lo que ahora de manera rimbombante  llamamos Paradigma de Complejidad no es más que el reconocimiento de que no es suficiente el conocimiento. Necesitamos de la sabiduría, esa que se introduce en los lugares comunes porque sabe que desde allí es desde donde se tiene una vista privilegiada.

Hacer vibrar nuestros microfascismos y nuestras miserias, nuestros propios intersticios, con aquellos que nos parecen ajenos, convierte la intimidad en algo público y desamparado, como un arte que quisiéramos bastardo debiera hacer para evitar que se le apellide con ciertas tonterías inteligentes: esas argucias halagadoras que sobre todo ponen a salvo a sus autores con exposiciones de beneficencia, ¿quién beneficia a quién? En estos tiempos en los que la ciencia parece haber caído en manos de la tecnología, la filosofía en las de los manuales de autoayuda y el arte en manos del negocio del ocio o de la asistencia social ¿qué más halagos nos quedan?

Las flautas que aquí estamos tratando suelen tener -además de un agujero solo- gran repercusión en dos foros muy distintos:

  1. En aquellos países en vías de desarrollo que tan necesitados están del ánimo del primer mundo contra las tiranías locales. Operativamente estas flautas son eficaces como bonitos despertadores. ¡Gracias! Sin embargo, seguimos prefiriendo a los activistas reales; ya se decía de la Iglesia y sus campanarios… lo de predicar y dar trigo.
  2. En aquellas mentes concienciadas del primer mundo que no se atreven a pensar más allá de sus intranquilas narices -por si el fracaso se las rompe- y las tranquilizan pensando en cómo ser buenos y dar cuenta de las atrocidades que se dan allá (en todos los ordinales que no sean el de su primer mundo).

Cuando en las llamadas civilizaciones avanzadas, toda revolución deviene un kitsch de lo obvio (el estribillo de los derechos humanos con distintos arreglos musicales para exportarlos en forma de graciosas cantinelas a los desheredados de la Tierra), se agradece el silencio y la parsimonia, la contención mediática, de aquellos que sin prisas ni aspavientos realmente cambian las cosas, sencillamente, porque se ocupan de lo oculto. Parafraseando a Bachelard, no hay más arte que el de lo oculto, es decir lo no dicho; lo desvelado pertenece a otros ámbitos. Pero lo oculto, no es aquello que quedó escondido en algún lugar en algún tiempo; lo oculto es aquello que aún no está, y en crearlo… se tarda. Sin embargo, los que tienen prisa, los aceleradores de la Historia, algunos historiadores o críticos, vienen recurriendo a la muerte del arte desde hace tiempo sin advertir que lo que se les ha muerto son las plantillas, las rejillas y las reglas, es decir las herramientas metodológicas con las que se acercan a este fenómeno y no parecen dispuestos a modificar ni un milímetro sus convicciones. Y por tanto, toda anomalía que no cubra las expectativas de esta tanatología queda curiosamente herida de muerte por estos brutos.

Una revolución hoy por hoy no consiste en señalar que el rey está desnudo (tanta credulidad puede haber en verlo desnudo como en verlo vestido), sino en ayudar a generar miradas discriminadoras e imaginativas… Decía Dewey que “la imaginación es el principal instrumento del bien, […] el arte es más moral que toda moralidad. Porque esta última es, o tiende a ser, una consagración del statu quo. […] Los profetas morales de la humanidad han sido siempre poetas aun cuando se expresaran en versos libres o en parábolas”. Hasta aquí Dewey. Sabiendo que la imaginación es también el mejor instrumento del mal (desde las torres gemelas y la publicidad subliminal a la tortura china, de la Inquisición al FMI o a la bolsa, de los paraísos fiscales al terrorismo de estado…) deberíamos considerar las palabras de Dewey y utilizar esta moralidad de la que él habla como herramienta para una ética que no puede ser sino íntima, ni siquiera privada.

¿Quién no es consciente de que el mercado es la represión por otros medios, de que tan reprimidos quedan con él los que viven en el mundo del consumo histérico como aquellas víctimas mayores que no tienen nada que consumir? ¿Quién no percibe esta perfecta simbiosis de miseria, psicológica y física? ¿Quién no suscribiría hoy que, si la macroeconomía es el mejor camuflaje de la guerra y la guerra el mejor camuflaje para la macroeconomía. –y las víctimas se cuentan por centenares de miles en los países subdesarrollados-, los supermillonarios son también criminales de guerra? ¿Bill Gates? ¿Quién no se da cuenta de que cada vez que miramos por la Window -yo cuando escribo esto- utilizamos un arma mortífera? De todo esto hay que hablar – más bien gritarlo-, sin duda, pero en el ágora, en la plaza pública lo más masmediática posible, sin correcciones ni políticas ni formales, sin poéticas, sin requerimientos de atención artística ni rendimientos vergonzantes, sin activismo pero con eficacia activa, en fin, sin interés ni autoría. Sin embargo, el arte callado y bastardo (por cierto, proponemos “callado” y “bastardo” como adjetivos, no como apellidos porque estos son pedigríes para perros o bozales críticos), el arte bastardo digo, ese que deja nuestra intimidad a la intemperie, esquiva pudorosamente la actualidad de las desgracias por anacrónica, e inevitable, y se ocupa de las actualidades posibles; entre otras, la de ver cómo conseguimos que nuestra voluntad de fuerza, de resistencia (íntima), algún día, deje de estar sometida a nuestra propia voluntad de poder (pública). Quizás somos unos sentimentales sin conciencia; o quizás, conciencias insensibles. Pero, a pesar de que muchas de nuestras narices están ya rotas (no se preocupen que la sangre es de atrezzo), todavía nos queda algo de olfato, aunque no tan bueno como el del morro de ciertos cánidos.

El que pretenda ver en estas palabras un cierto modo de dimisión o cierto colaboracionismo con el estatu quo es que no tiene ni idea de lo que nos estamos jugando. El progresismo, la negación del involucionismo, social, laboral, político etc, necesita recargas simbólicas y teóricas que nos aseguren autoridad, sobre todo moral, contra las autoridades del neoliberalismo, pero estas recargas simbólicas y teóricas pierden toda su eficacia en el momento en que sirven de jueguecitos moralizantes de lo evidente, de la superficie, y dejan de ocuparse de los sustratos profundos del ¿por qué estamos como estamos? Colaborar en esta tarea de recarga es urgente, pero por favor que no sea a cambio de éxitos personales y legitimaciones desde el propio estatu quo. Hay muchos anónimos trabajando en la recarga, seamos uno de ellos. Y en el arte ocupémonos de lo que no sabemos, que para eso estamos.

Trastornar la realidad no consiste simplemente en hablar de la actualidad; como nos dice Deleuze hay que “afirmar y ramificar el azar”, lo demás son sólo carreras. (Kassel STOP Venecia STOP Basilea STOP Chicago STOP Johanesburgo STOP Estambul STOP Sao Paulo STOP… Terra Mítica). Si el arte tiene algo que ver, no con el futuro, sino con la profecía de lo inmanente ¿para qué nos sirven los artistas de la actualidad trascendente?

La verdadera inteligencia -a diferencia de la simple astucia- no quiere ser truculenta, ella sabe que fue el gran truco de los dioses y procura no engañarse. Como nos dice lúcidamente Peter Sloterdijk parece una venganza de la Historia que nosotros los igualitaristas tengamos la tarea de hacer distinciones. Así que, aunque algunos lo intentamos, nunca seremos suficientemente inteligentes ni suficientemente bastardos. Y aunque lo parezca, Rojo por fuera y rojo por fuera ¿qué es? no es un acertijo, pero este texto, que no lo parece tanto, quisiera serlo. Nuestros mayores solían decirnos que no estaba bien señalar a los demás con el dedo, pero es que ahora, cuando intentábamos cerrar otra vez el puño, el corazón se nos ha quedado tieso. Veo el dedo revolverse contra mí mismo y no doy crédito… igualito igualito que los bancos.

Adivina adivinanza. A mí me parece sólo “material de paso” así que voy a pegarme unos carteles peripatéticos del alcalde de mi ciudad, Málaga, su Concejala de Cultura y un servidor, y a tomarme unas cañas con vosotros. Gracias.


[1] Escrito para la acción del mismo título en el Ojo Atómico el 24 de mayo de 2003 con motivo de la Jornada de Reflexión de las elecciones municipales.

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