Joaquín Ivars. Artista sindisciplinar, profesor titular de universidad, escritor e investigador en las relaciones entre arte, ciencias, pensamiento y sociedad.

 

Decir algo en nombre propio es muy curioso; porque no es en absoluto en el momento en que uno se toma por un yo, una persona o un sujeto, cuando habla en su nombre.  Al contrario, un individuo adquiere un verdadero nombre propio como consecuencia del más severo ejercicio de despersonalización, cuando se abre a las multiplicidades que le atraviesan de parte a parte, a las intensidades que le recorren.[1]

 

Hay que considerar la obra en su totalidad, seguirla más que juzgarla, recorrer sus bifurcaciones, sus estancamientos, sus ascensos, sus brechas, aceptarla, recibirla entera. De otro modo no se comprende nada.[2]

Gilles Deleuze

 

 

INTRODUCCIÓN GENERAL

Desde principios de los noventa hasta la actualidad, mi actividad teórico-práctica en el campo de las artes visuales se ha desarrollado a través de una trama en la que se han ido entrelazando de manera sindisciplinar[3] pensamiento, vida y producción artística; tres aspectos siempre activos en mis trabajos. Esto lo he llevado a cabo, principalmente, a través de diversas áreas de estudio y escucha: arte, ciencia, pensamiento y sociedad, y mediante diversos mecanismos y técnicas de construcción artística (instalación, fotografía, dibujo, pintura, narrativa, ensayo, escultura, intervenciones, artes de acción, etc.). Utilizando dispositivos diversos –ideas y materiales- he procurado hacer evolucionar, de manera intercalar, abierta y porosa, líneas extensivas e intensivas que tratasen de comprender la complejidad que nos transita y que nos aloja, intentando en todo momento borrar límites cognoscitivos (tan ficticios como contingentes) o, al menos, tratando de hacerlos más borrosos de lo que suelen ser, o de cómo se nos suelen presentar por este o aquel poder o área de influencia. Y así -haciendo esta operación de manera consciente respecto a lo que significa, desde hace mucho tiempo-, he tratado de no ampararme bajo ningún paraguas disciplinar, temático, metodológico o bajo ninguna cobertura de cobertura social, eludiendo en la medida de mis posibilidades la pertenencia a este o aquel grupo de poder o de interés.

De entre las fuerzas utilizadas, me atrevo a destacar: modelos rítmicos y síncopas, vaivenes, secuenciación de segmentariedades, bucles extraños, reflexividades, tensiones, oblicuidades, asimetrías, discontinuidades y porosidades, inversiones y reversiones, redundancias y liberaciones, articulaciones, intermitencias y oscilaciones, acotaciones, redefiniciones y ficciones espaciales y cronológicas, diversificación de modos, materias y herramientas, recursos de temporalidad (narrativos y no narrativos), metáforas discontinuadas, estrabismos y anfibologías, extrañamientos y desapariciones, relecturas y auto-re-contextualizaciones… Todas ellas, energías en contacto con la vida, tratando de rozarse con el pulso vital que nos recibe y acompaña desde el nacimiento hasta el fin de nuestros días. Si no existe esa dimensión vital todo lo demás carece de sentido y solo quedaría en un cúmulo de abstracciones que bien podrían quedar solo por escrito y no sustanciadas en la corporeidad de las obras como reflejo de la materialidad de la vida. Un cierto tono materialista recorre todo mi trabajo, pero un materialismo que por su dimensión compleja alcanza algo parecido, valga la expresión, a un conjunto de neuronas interconectadas de las que emergen estados de conciencia no exactamente materiales, o no tradicionalmente entendidos como de índole material. Se trataría de un materialismo que da lugar a otro nivel de sí mismo que no comprendemos y que sin embargo actúa definitivamente en nuestras acciones más cotidianas. Algunos a eso le han dado nombres diversos, lo metafísico, lo trascendental, lo espiritual, lo místico, etc. Podemos llamarlo como queramos, finalmente es “aquello que se nos escapa” sin dejar de acompañarnos durante toda nuestra efímera existencia.

Las cuestiones relativas a cómo encarar los asuntos públicos e íntimos –sin que apliquemos cortes utilitarios para desmenuzar analíticamente sus complejidades (en absoluto son ámbitos separados)- y el entramado de dependencias y sometimientos francos (o emboscados en aparentes liberaciones) que nos acucian por todos lados, informan una manera de hacer que quisiera concretarse en el entretejido de obras, ideas y vivencias. O mejor, las obras son la sustanciación física de ideas y vivencias, y tienen, desde mi perspectiva características parecidas a un ser vivo.

Bien es cierto que los resultados materiales, siempre provisionales, de estos ejercicios ideáticos y experienciales han consistido en lo que algunos no muy acertadamente llaman trabajo interdisciplinar y que otros con cierto desparpajo, pero con una mirada muy superficial, podrían calificar de mero eclecticismo; trabajo o arte sindisciplinar probablemente constituiría una mejor aproximación, pues creo que solo como advenedizos se nos ofrecen las diversas caras del mundo. Mi modo de estar aquí, en el mundo, siempre ha querido ser el del recién llegado que abre los ojos frente a lo desconocido, lejos del oficio, muy lejos del saber oficial predeterminado, del canon establecido por no se sabe qué tipo de intereses (legítimos o ilegítimos). La especialización, habitualmente técnica, disciplinar y disciplinaria, trata -según mi criterio y más allá de su operatividad instrumental basada en la productividad y el rendimiento-, de dividir y seleccionar aptitudes y habilidades manuales e intelectuales para que devengan actitudes de capitulación ante la ficción interesada de una realidad que nos hacen ver como hiperfragmentada.  Sin embargo, paradójicamente, esa descomposición ficticia en partes “útiles”, parece totalizar nuestras vidas arrinconándonos en los márgenes de nuestros pequeños y encapsulados conocimientos (cada uno gobernando su minúsculo lugar de poder); es decir, se nos reconoce un saber que nos otorga el cetro de un famélico y ridículo poder. Este “ridículo poder” que alimenta nuestras egolatrías y pequeñas vanidades contribuye eficazmente, de manera consciente o inconsciente, a que totalidades omniabarcantes que manejan el mundo a su antojo, se sustancien en gigantescos aparatos de poder económicos, políticos, culturales, tecnológicos, religiosos, mediáticos, etc. que sin problemas terminan aliados entre sí para mantener sus respectivos estatus.

Una sin-disciplinariedad, por tanto, asumida y buscada, como precaria pero posible alternativa para conjugar múltiples estrategias y tácticas de actuación con la intención de conseguir cierto espesor amalgamando, condensando, lo semántico y lo sintáctico, lo teórico y lo práctico hasta difuminar sus contornos lo máximo posible, hasta hacerlos indiscernibles. En esa complejidad de influencias, desespecializada (pero no totalizadora), requieren mi atención las relaciones de las partes con el todo. Eso que llamamos Todo, es más pequeño, incluso, que las partes; el todo es una mera idea, una noción humana, no pertenece al mundo de ahí fuera de nuestra mente, pero es un concepto que sin embargo infiltra, atraviesa, aquello que, aún con menos razón, llamamos partes y a las que conferimos estatus de realidad. Me interesan los espacios/tiempos intertópicos/intercrónicos, transitar por los huecos del espacio y del tiempo. Me conciernen, por tanto, los recorridos que aún quedan por trazar dentro y fuera de los senderos ya propuestos, me comprometen los fenómenos contingentes ¿cuál no lo es? (las liberaciones e inseguridades que nos producen), el juego (jugador jugado), las rarezas (el extrañamiento irónico), el vaivén de la vida, las idas y venidas siempre iguales y, al mismo tiempo, diferentes…

Estos intereses generales procuran manifestarse como obra en proceso siempre re-configurable (muchas de las obras, yo diría que todas las que he realizado, están abiertas a su reconfiguración, su relectura, mediante recontextualizaciones; las obras son artefactos “vivos” en el sentido de que son adaptables y coevolutivos según el medio en que se encuentren; son recombinables entre sí y lo son también con cada nuevo “afuera” con el que se puedan encontrar haciendo de él también un “adentro” que habrá de volver a salir). Las obras son en ese sentido conectivas, intencionales, vivas, dispuestas conscientemente a su conexión con cualquier realidad que se les aproxime de algún modo. No se trata pues de hacer obras confinadas, muertas, rodeadas por el aura que como una urna de convenciones impide su revitalización; toda obra considerada maestra por este o aquel conocedor, tiene algo de funerario y melancólico, una vez que sus autores -o lo que es mucho peor, sus críticos o valedores-, han dado el último toque (el toque “maestro” final; la validación “última”, de algún modo “mortal”), hacen de ellas elementos de contemplación prácticamente intocables, protegidos por el patrimonio de lo cuasi divino, por el olimpo que maltrata a los humanos.

Muy lejos de ese lúgubre paradigma esencialista, luctuoso y orante de las obras oficialmente clausuradas, periclitadas, divinizadas, hay que decir que incluso la obra más abierta, la menos finiquitada por la Historia, la menos solemnizada y más instrumental (en el mejor sentido de la palabra: útil para hacer algo con ella además de extasiarse en su contemplación), debe ofrecer una apertura selectiva del mismo modo que lo hace cualquier fenómeno vital (la vida se abre a todo, pero le conviene muy poco lo tóxico; la generosidad o la porosidad del pensamiento debe dejarse atravesar por cualquier cosa excepto por la intolerancia). Así, también es una producción que, aunque determinadamente abierta, permanece siempre alerta ante dos viejos enemigos que nos amenazan dialéctica y constantemente desde los extremos:  la simplificación y la confusión; y sus máscaras: los dogmas y la opinión; las consignas y los eslóganes; el esencialismo teleológico de los doctrinarios y el movimiento alocado de las masas sin rumbo; la claridad absoluta e intransigente de los ordenancistas que nos atosigan con sus catecismos y la anomia de los libertadores oportunistas o los escapistas que nos dejan con la vida ensangrentada mientras ellos huyen cobardemente a cualquier refugio que les siga proporcionando suculentos manjares y una existencia banal y sin verdaderos riesgos.

A pesar de los errores (y gracias a ellos, cuando son considerados lugares de aprendizaje y experimentación) y de los vaivenes (las idas y venidas de un territorio a otro, transitando lindes en idas y venidas tangentes respecto a las acotaciones más o menos cerradas, clausuradas por este o aquel otro candado intelectual o físico o bloqueada por sus agentes de aduanas: la crítica más perezosa y miserable),  a pesar de las contingencias, la tarea consiste en proponer una obra que deje un rastro necesariamente frágil y, sin embargo, endo-consistente y constructor de sentido (pero quizás el mínimo común múltiplo de sentido). Un quehacer alegremente trágico, presto a vaciar, llenar o abandonar la mochila de creencias mientras intenta deambular-por-el-mundo-y-por-fuera-de-él de manera positiva y crítica en la medida de sus posibilidades. Y en ese viaje un tanto a la deriva, pero con las antenas desplegadas y los artilugios de navegación alerta, dispuestos a combatir en un frente impreciso pero protegido ferozmente por la coacción de la fatal alianza entre cinismo e ingenuidad. Una alianza bien explotada por muchos traficantes de todo tipo de ideas, de estilos de vida, de dogmas e ideologías que tratan de acumular capital simbólico como mero instrumento para el acopio de dominio y/o capital crematístico; esos modos fantasmagóricos de estar “presentes” en el mundo, en el gran mundo de las vidas narcisistas y miserables. Por eso recurro a mi propio leitmotiv Hay más cosas que hacer en el mundo que estar todo el tiempo en él (estar siempre dentro del mundo nos impide “verlo”, estar siempre fuera de él nos deja sin materiales de construcción); un modo precario de estar aquí y que supone la tensión insoslayable de continuar entre-viendo y entre-viviendo, para espaciarnos y despaciarnos en los huecos y las rarezas, las anomalías que supone trazar trayectos intertópicos recorridos en tiempos intercrónicos: un animal que queda poco a la vista porque sus recorridos se producen en territorios de penumbras y entre límites borrosos y en duraciones que quedan a resguardo del reloj, por eso No siempre, es otro leitmotiv que guía esos movimientos discontinuos, sincopados, a veces abruptos y en ocasiones fluidos como un gas que se esparce plácidamente por el espacio.

Las obras, como antes anunciaba, unas veces tienen aspecto de estar perfectamente acabadas, pero en ocasiones, al ser recontextualizadas, ofrecen otras posibilidades no previstas cuando se llevó a cabo la primera versión, su primera puesta en escena. Muchas de ella existieron físicamente pero ya no existen; la fragilidad de su montaje o la precariedad de medios las hicieron desaparecer, o fueron deterioradas o robadas en un traslado, o su existencia se desvaneció en la imposibilidad de su almacenaje, o partes de las mismas se reutilizaron para dar lugar a otras obras. Apenas si quedan en muchos casos algún registro documental, gráfico.  Pero no echo de menos su existencia material (jamás he tenido esa clase de apego físico, nostálgico o económico); cada obra representa en sí misma el inicio de un nuevo juego o la disponibilidad para incorporarse a otra “partida”, y yo siempre estoy dispuesto a recomenzar desde un grado cero de lo físico, pero no de lo ya hecho, aunque solo quede el rastro de cierta memoria visual, gráfica o meramente cerebral de lo que existió. Siempre se trabaja desde lo ya existente (a veces desde un imaginario concepto de tabula rasa, otras desde el reciclado consciente de ideas y materiales). Esas maneras frágiles hicieron que anduviese atento a registrar una documentación suficiente, mínima, una especie de partitura en muchas ocasiones también precaria pero mínimamente operativa que pudiese servir para realizar una nueva puesta en escena, una nueva tirada de dados. Por momentos he trabajado piezas que tiene el aire de un gran boceto, cuyo origen está en la precariedad económica o en las propias necesidades de la obra. Tampoco he tenido apego a los formatos, y las zonas de dominio no son lo mío, enseguida que algo me conforta y deja de punzar, me siento incómodo. “No siempre” constituye uno de mis principales leitmotiv, y me ha servido para mantener fresca la sensación de que todo es contingente, que las obras, las exposiciones o mis propias intenciones libran conflictos permanentes, eternos. En esa pugna encuentro mi razón de ser, en las colisiones con interpretaciones diversas, situado en zonas de alta tensión y lejos de la calma anestesiante, en lugares muy lejos de la confusión que conduce al caos o del dogmatismo de verdades inquebrantables, constituyentes ambos de coartadas perfectas de la aquiescencia de los humanos frente a nuestras miserias y mezquindades, de eso que los más cobardes llaman, eufemísticamente, “el factor humano”. Prefiero merodear el paraje desértico y frondoso, aterradoramente seco e inesperadamente fructífero de la incertidumbre y no acomodarme en las premisas de los automatismos que nos ponen a resguardo de la decepcionante visión de nuestras cegueras frente al espejo. 

SOBRE EL ARTISTA SIN-DISCIPLINAR

No recuerdo si de manera plenamente consciente o meramente intuitiva, una de las primeras cuestiones que me planteé fue: ¿De qué he de ocuparme como artista? Desde el inicio de mi trayectoria me pareció una pregunta adecuada en un campo, el de la producción artística, libérrimo a priori, donde la creación no parecía presentar dueño ni tener que atender a consignas o directrices de mandatarios o mandarines y en el que la única responsabilidad apreciada es la que asume el propio artista… Una cuestión, que, más allá de una cierta inocencia primordial y necesaria, me parece clave para cualquier que pretenda actuar dentro de la especificidad de lo “artístico” (pero también una pregunta válida probablemente para cualquier científico, pensador, etc.). Y con ello, y derivando de la primera pregunta, surgen otras: ¿De qué necesito ocuparme?, ¿De qué puedo ocuparme? Y ¿hasta dónde y cómo, puedo llevar aquello de lo que me ocupo?  Y de una forma ya absolutamente consciente pensé que particularizar mi conocimiento o mi atención sobre un objeto determinado no iba a ser el camino que iba a tomar en mi trabajo; después de que mi formación inicial tuviese un sesgo tan especializado y protocolizado como la medicina (un ejemplo elocuente de la máxima hiperespecialización) y que suponía un contorno demasiado estrecho, necesitaba ampliar el campo de mis ocupaciones.

Al ver la respuesta de algunos artistas del pasado o del presente sobre su objeto de preocupación y de ocupación, siempre pensé que se había venido produciendo un reduccionismo más propio de las ciencias (de donde yo provenía) que de las artes. Según yo constaté dese el principio y pude comprobar mucho más tarde, el arte había dejado de enfrentarse con el Todo, entendido este no como el retorno a la búsqueda de un Gran Relato en el sentido que Lyotard atribuyó a los mismos, sino desde el punto de vista aún más ambicioso y más desmesuradamente abierto que resumió Peter Sloterdijk[4]:

¿No ha significado desde siempre pensar: aceptar el desafío de que lo desmesurado aparezca concreta y objetivamente ante nosotros? Y eso desmesurado, que incita al comportamiento conceptual, ¿no resulta incompatible, por sí mismo, con la naturaleza tranquilizante de lo mediocre? La miseria de los grandes relatos de factura convencional no reside en absoluto en el hecho de que fueran demasiado grandes, sino en que no lo fueron lo suficiente. Obviamente puede discutirse sobre el sentido de lo “grande”. Para nosotros “suficientemente grande” significa: más cerca del polo de la desmesura. “… Y ¿qué significa pensar si no se midiera incesantemente con el caos?”

 

Por tanto, mi background tuvo que ver con no querer cometer el mismo tipo de error estrechando las miras igual que la ciencia que yo había aprendido y que aún sigue vigente en muchos aspectos (en algunos de ellos de manera imprescindible, pero no en todos). Para mí, como se puede constatar, el arte podría constituir el ámbito de relaciones en el que podrían encontrarse numerosos y variados modos de pensamiento intentando evitar los exclusivismos, proselitismos, hiperespecializaciones y luchas binarias y sectarias que tan a menudo han acompañado a las producciones artísticas y a sus correlatos teóricos, sus aparatos críticos y sus sustratos más o menos ideologizados.

 Este asunto he tratado de enfrentarlo progresivamente a través de una formación académica y extraacadémica de disciplinariedades múltiples y de una práctica que a menudo, y de manera un tanto jocosa y ambivalente, llamo sin-disciplinar (artista sindisciplinar) para tratar de alejarme de las convenciones que sobre estos temas se vienen produciendo desde hace ya bastantes años. Los ámbitos teóricos de las artes, las ciencias, la sociedad y el pensamiento con sus respectivos sesgos seleccionados (no me vale cualquier aproximación), me parecieron desde el principio zonas en las que la intermediación sin tener que rebajar las expectativas de la complejidad era posible, y una tarea que progresivamente habría de ir cumpliendo en diferentes fases y medios a través de diversos modos de formación y práctica. Esta comprensión me hizo ver desde muy pronto que mi trabajo sería de muy largo recorrido y que el trazado sinuoso e intrincado de los caminos no me permitirían explicarme con facilidad, mucho menos en un mundo en el que la comunicación y el arte se confundían tan a menudo y las simplificaciones señalaban los senderos más fáciles de la comercialización de las producciones artísticas.

Finalmente, creo que debo mencionar aquí que siempre me espeluznó el arte que funciona como ilustración de teorías o doctrinas, el arte que se sigue de aquello que otros teorizan y solo sirve como ilustración; por tanto, me aterra el arte aterrado, al que le da miedo pensar por sí mismo (lo que no quita que los artistas conozcan y sepan de las actividades teóricas y prácticas de otros que no son artistas). Y también me turbó siempre la posibilidad que mi trabajo fuese utilizado para ilustrar esas u otras ideas; que mis esfuerzos sirviesen a “causas” o intereses de otro tipo, cuando siempre he procurado evitar ese tipo de servidumbres. La única causa que me alimenta es la de no necesitar una fe o un propósito concreto y cerrado que alimente ilusiones imposibles de cumplir o dé pábulo a relatos que acaban casi siempre en la manipulación. Así que, cuando hablo aquí de teoría me refiero, con todas las limitaciones que se quieran, a producir por mí mismo el corpus teórico que resuene de un modo “no causal” ni rectilíneo con la práctica de la producción; un corpus que, como no podía ser menos, está jalonado de felices encuentros con el pensamiento de otras personas. Una producción teórica fruto del vaivén y del juego, y en el que la ironía siempre juega el papel del humor, en ocasiones muy negro, descabalgando cualquier intento de grandilocuencia.

Como acabo de decir, es natural para mí tener diversas entradas por donde se comparten ideas o puntos de vista con otras personas; como dije en algún texto “siempre se piensa en compañía”. Pero pensar en compañía no significa reducir el arte a ilustrar las teorías o las ficciones de otros, significa pensar de otra manera; con las herramientas que uno va construyendo. Herramientas que se hacen con otras herramientas que antes otros produjeron pero que sirven a fines o procesos distintos. Producir arte y teoría es la forma de abrirse a los demás para no quedar encapsulado en sus consignas.

[1] DELEUZE, G., Lettre a M. Cressole, ed. Universitaires, París, 1973, citado por Miguel Morey en su Introducción a la Lógica del sentido, Paidós, Barcelona, 1994.

[2] DELEUZE, G., Conversaciones, Pre-textos, Valencia, 1995, p. 139.

[3] Sindisciplinar es un modo de hablar, una suerte de neologismo, de algo que está en otro lugar distinto al de las disciplinas (ni “inter”, ni “trans”, ni “post”…; SIN DISCIPLINAR: que no acata ninguna disciplina ni se somete a las divisiones disciplinares de lo que llamamos mundo real), y se refiere a aquellos ámbitos de conocimiento teórico o práctico que en ocasiones confundimos con los cortes arbitrarios que operamos sobre “lo real” para poder manejarlo, llegando a creer así que estos cortes disciplinarios coinciden con límites que la realidad misma presenta de manera esencial, cuando esos límites solo pueden ser referidos a los intentos del ser humano por aproximarse a ella por acotar alguna de sus características.

[4] SLOTERDIJK, P., En el mundo interior del capital. Para una filosofía de la globalización. Siruela, Madrid, 2010, p. 21. (El subrayado es mío)

 

 

English version (overview)

INTERTOPÍAS – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – – -INTERCRONÍAS

(UN) SPECIFIC TOPOLOGY AND CHRONOLOGY

To say something in one’s own name is very strange, for it is not at all when we consider ourselves as selves, persons, or subjects that we speak in our own name.  On the contrary, an individual acquires a true proper name as the result of the most severe operations of depersonalization, when he opens himself to multiplicities that pervade him and to intensities, which run right through his whole being[1].

Consider the work in its entirety, following it rather than judging it, go over its branches, its stagnations, its elevations, its gaps, accept it, and acknowledge it as whole. Otherwise, nothing is understood.[2]

Gilles Deleuze

People are not the heroes of history; they are the rhythms and powers of the rising and falling of the world in which they are part of.[3]

Peter Sloterdijk

Since the beginning of the nineties until the present, my work in the visual arts has been developing through a correlation in which thought, life, and artistic production have been linked. By using various devices –conceptual and material– I have tried to develop a way to interrelate extensive and intensive lines to understand the complexity that travels through us.

Among the methods used, I stressed the following: rhythmic patterns and syncopations, swings, sequencing of fragments, strange loops, reflexivity, tensions, obliquity, asymmetries, discontinuities and porosities, inversions and reversals, redundancies and releases, joints, intermittencies and oscillations, limitations, redefinitions and spatial and temporal fictions, diversifying modes, materials and tools, temporary resources (narrative and non-narrative), discontinued metaphors (strabismus and amphibologies, estrangements and disappearances, re-readings and self-re-contextualizations)… All of them are energies in touch with life, which are trying to contact the vital pulse that welcomes and accompanies us from birth to the end of our days. The issues of how to deal with public and private affairs -without utilitarian cuts applied- and the network of outspoken dependencies and submissions (or ambushed in seeming liberations) that surrounded us everywhere report a way to create that would materialize in woven projections of art, thought, and life.

The outcomes, always provisional, of these experimental and experiential exercises have consisted of what is commonly called interdisciplinary work; non-disciplined artist would probably be a better approach since I believe that the different sides of the world are offered to us only as outsiders. Specialization, in my opinion and beyond its instrumental effectiveness, is to divide and select manual and intellectual skills to bear submissive attitudes before a hyper fragmented reality. Yet, paradoxically, that fictitious breakdown in “useful” parts seems to totalize our lives, cornering us on the margins of our small and encapsulated understanding, a knowledge that grants us a famished and ridiculous power connived with the fullness of true areas of domination, allies (yes, them), in embracing wholes: bureau-cracies, burso-cracies, theo-cracies, middle-cracies…

A non-disciplined art assumed and sought as precarious is a possible alternative to combine multiple strategies and tactics in order to get some semantic and syntactic thickness. On that complexity of influences, non-specialized (but not totalizing), my attention is set on the relationships between the parts and their wholes (in which the whole is even smaller than the parts because it infiltrates them), the interstitial spaces/times (to transit through holes), the remaining paths that are still yet to be drawn in and out of the already proposed trails (more accuracy, more freedom), the contingent phenomena ¿which one is not? (liberations and insecurities that they provoke on us), the game (the played player), the oddities (ironic estrangement), etc.

These universal interests try both to manifest as a work in progress, always re-configurable, and to be willingly alert before two old enemies, the extremes, that threatens us dialectic and constantly: the simplification and the confusion, and their masks: the dogmas and the opinion, the mottos and the slogans, the teleological essentialism of the doctrinaire and the aimlessly crazy movement of the masses; the absolute and inflexible clarity of disciplinarians and the anomie of opportunistic emancipators.

Despite the errors (and thanks to them) and the swings, the task resides on proposing a piece of work that necessarily leaves a fragile trail; however, that trace is self-consistent and a builder of meaning. A joyfully tragic task, ready to drain, fill or abandon the backpack while trying to wander-through-the-world-and-out-of-it positively, and at the same time being critical when possible. For all that, it is ready to fight in an imprecise front, but it is fiercely protected by the coercion of a catastrophic alliance of cynicism and naiveté, which is trying to accumulate symbolic capital as a mere instrument for the collection of domain and/or chrematistic capital, these unbeatable and phantasmagoric “being-in-the-world” means.

Nothing in the world can be unaware to this way of making, or insensitive, because there are more things to do in the world than spending all the time on it. Being always in the world does prevent us from seeing it; being always outside of it leaves us without resources. It also happens in the world of art. Therefore, there are more things to do in Art than feeding its worldliness; I could conclude this to try to continue inter-seeing and inter-living, to space-us/pace-us in the gaps and oddities of “intertopias” and “interchronias”, (un) specific topology and chronology. Barely perceptible, almost art.

Joaquín Ivars, 2013

(Translation by Evelin Gamarra)

ÚLTIMA EXPOSICIÓN

Título: En este marco incomparable…

Lugar: galería Isabel Hurley

Exposición comisariada por Natalia Bravo 

Inauguración: 13 septiembre de 2019, 20 h.

Fechas: 13 sept. al 9 de noviembre.

PDF Catálogo de la exposición, 2021:

Catálogo ISBN COMPRESSED Joaquín Ivars. En este marco incomparable

Vídeo documental de la exposición

https://youtu.be/nMNXzj6rEI8

 

 

Extracto de la hoja de sala de la exposición EN ESTE MARCO INCOMPARABLE…

[…] Dentro de la exposición titulada EN ESTE MARCO INCOMPARABLE… propongo algunas piezas que a pesar de su diversidad formal y temática tienen que ver con el marco, o su idea, de forma explícita o implícita. Aunque se traten aspectos variados de nuestras vidas, y de manera desigual, el elemento de articulación de esas diferencias, paradójicamente, es la separación, algo que resulta tan chocante como común. (Una articulación ósea es la ausencia de hueso, y es gracias a ese vacío que los huesos resultan útiles; igual ocurre en un texto con el vacío entre palabras o letras, que es lo que permite una lectura eficiente). Las piezas, en este caso, están reunidas aquí por la atención prestada a aquello que en ellas se aparta o sirva para apartar -sea marco, sea del resto del mundo, sea distinción por planos materiales, virtuales, texturas, ambientes, conceptos, autoría, etc. Es una exposición como cualquier otra en la que se expone lo que el autor ha elaborado, seleccionado o dirigido y considera digno de diferenciar con cierto énfasis y de exponer a sus congéneres. Pero quizás lo que se considera estimable es aquello que tiene que ver con los elementos de separación o distinción; aspecto este que nos conduce a una explícita meta-artisticidad y a una violencia implícita, emboscada, en la selección “amable” que se corresponde con el hecho de exponer cosas que aparentemente solo tienen que ver con el “arte” o con su mundo.

[…] Como resumen final, podríamos decir que siempre que distinguimos lugares de manera “dura”, estamos expresando que los accesos son limitados, restringidos, y están regidos por una violencia territorial a menudo balizada con la “naturalidad” de lo simbólico. Si queremos acceder a algo fuera de nuestro alcance existen unos exigentes y arbitrarios umbrales que atravesar, unas condiciones de posibilidad para que nuestras opciones se realicen y nos transformen en agentes dignos de transitar ese nuevo y “maravilloso” espacio de la “distinción”. Y entonces las preguntas que vienen al caso podrían ser: ¿Qué he de dejar atrás para acceder a todo eso? ¿Qué clase de violencia sufro o me he de auto-infligir para tener que someterme a un espacio tóxico que requiere de mí semejante dependencia? o ¿qué tipo de naturalización mental, quién sabe si más humillante aún, he de sufrir para destrozar mi dignidad con el fin de sentir el aplauso de los elegidos de este mundo perverso y absurdo de la fama, la corrupción, el éxito y la codicia? ¿Es todo eso más importante que mi sentimiento de independencia, autonomía y emancipación?

En el teatralizado aparte de la galería podemos reflexionar sobre eso antes de volver a salir al mundo; en este, todo vuelve a centellear o a decepcionar del mismo modo en el que lo hacía dentro. En el exterior percibimos que el aparte de la exposición (en la que por cierto ningún marco tiene cualidades físicas convencionales, solo trabajo con su idea o su imagen) no era más que un reflejo del afuera; el buñueliano y paralizante ángel exterminador o no existe o somos todos los que aceptamos los cánones impuestos y abonamos sus tasas. Quizás, como mucho, al salir quepa preguntarse qué nos dejamos en el interior o qué nos llevamos al afuera. ¿Es posible producir algún tipo de emancipación desde la cordial violencia que ejerce Este marco incomparable… ?

Joaquín Ivars


ALGUNAS NOTICIAS

 

1.  PUBLICACIÓN: “El rizoma y la esponja”, editorial Melusina, Madrid, 2018, © Joaquín Ivars, 2014, 

http://www.melusina.com/libro.php?idg=52562

Ivars se adentra en la gran carpa que despliega el rizoma moviéndose como un tramoyista entre una maraña de cables, cuerdas y poleas: comprueba la solidez de los tensores, atiranta ahora este o destensa aquel, redistribuye las cargas y tensiones internas… El aire comienza a correr entonces de otra manera y se delinean de modo diferente las luces y las sombras. Poco a poco nos vamos alejando de la imagen estándar en la que ha acabado precipitándose lo que sabemos del rizoma, el espacio entero se va redibujando, se convierte en otra cosa… Imperceptiblemente casi, el relampagueo de la progresión rizomática se va apagando y comienza a escucharse en su lugar la respiración de la esponja. Otro mundo entonces, no un mundo antagónico pero sí un mundo alternativo: un nuevo mundo o una física distinta por medio de la cual los itinerarios trillados se reavivan y transforman a cada paso que se da.

Miguel Morey

 

Erótica de una esponja: notas en torno a El rizoma y la esponja de Joaquín Ivars, 2014 (Melusina, 2018)

Por Carolina Meloni

PDF: Erótica de una esponja… CAROLINA MELONI

Carolina Meloni (escritora y profesora de Ética y Pensamiento político en la Universidad Europea)

El rizoma y la esponja
Comentario de Sara San Frutos en Blog de La Central. 24.10.2018

Desde la aparición del concepto en la introducción de Mil mesetas (1980), la noción de rizoma ha sido clave a la hora no solo de comprender la lógica interna del pensamiento de Deleuze y Guattari, sino de extender dicha lógica a otros ámbitos. Sea en geopolítica, así como en economía o historia, el rizoma ha sido rescatado como la imagen paradigmática del pensamiento no lineal.

La obra de Joaquín Ivars sigue esta lógica, si bien en cierto modo la supera. Tomando la esponja como imagen especular del rizoma, El rizoma y la esponja parte de las limitaciones del concepto de Deleuze para invertirlas y proponer una imagen del pensamiento no basada en el desarrollo, sino en la agregación de otros cuerpos. Al aceptar, en palabras del propio Ivars, que “no hay ningún mundo ahí afuera que no esté ya dentro”; el rizoma se convierte en esponja: la sustracción y la apertura de posibilidades que caracteriza a la figura de Deleuze es llevada al extremo para encontrar que, lejos de asumir la apertura como una conquista del espacio, esta reside en el “dejar pasar”. Con esto, la lógica sustractiva del rizoma encuentra en la esponja su realización última: la acción y la generación como imagen del pensamiento dejan paso a una pasividad concebida como pasión, en la que el repliegue a la interioridad no conduce al quietismo sino a un nuevo modelo de habitar.

Como señala el especialista en Deleuze Miguel Morey en su prólogo, en “El rizoma y la esponja la «y» no debe leerse en el sentido de «versus» o «contra», sino en el de «además» y «también»”. Para cualquier interesado en el pensamiento de Deleuze o en la filosofía contemporánea, el texto de Ivars es una obra más que recomendada, añadiendo un título más a la relectura radical de Deleuze que ofrece la editorial Melusina.

Sara San Frutos

PRESENTACIONES DEL LIBRO “El rizoma y la esponja”:

1. MIGUEL MOREY, 28 noviembre de 2018, Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Málaga

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2. PRESENTACIÓN DE “El rizoma y la esponja” , 18 enero de 2019, EN LA LIBRERÍA LA CENTRAL DE EL RAVAL DE BARCELONA CON MIGUEL MOREY (Catedrático emérito de filosofía de la Universidad de Barcelona) y JESÚS AGUADO (Poeta, traductor y antólogo).

3. PRESENTACIÓN DE “El rizoma y la esponja”, 14 de febrero de 2019, EN LA LIBRERÍA LA CENTRAL DE CALLAO, MADRID CON CAROLINA MELONI (escritora y profesora de Ética y Pensamiento político en la Universidad Europea) y JORDI CLARAMONTE (profesor en el departamento de Filosofía moral y política de la UNED) 

2. EXPOSICIÓN COLECTIVA “ENTRE LA FIGURACIÓN Y LA ABSTRACCIÓN, LA ACCIÓN” CENTRO ANDALUZ DE ARTE CONTEMPORÁNEO, Sevilla, marzo 2018-marzo 2019

Agustín Parejo School, Ángeles Agrela, Pilar Albarracín, Elena Asins, Bestué/Vives, Louise Bourgeois, José Manuel
Broto, María Cañas, Chto Delat, Mariajosé Gallardo, Dora García,
Mar García Ranedo, Curro González, Luis Gordillo, Guerrilla Girls,
Rebecca Horn, Joaquín Ivars, Yves Klein, Cristina Lama, Ana
Mendieta, Marta Minujín, Daido Moriyama, Lucio Muñoz, Hermann Nitsch, Pablo Palazuelo, Jesús Palomino, Guillermo Pérez
Villalta, Manolo Quejido, Lotty Rosenfeld, Pepa Rubio, Inmaculada Salinas, Adolfo Schlosser, Wolfgang Tillmans, Ignacio Tovar,
Isidoro Valcárcel Medina, Valie Export, Bill Viola, Carrie Mae
Weems, Fernando Zóbel.

PDF. nota de prensa. CAAC

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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