DECÁLOGO DE ESCLAVOS | ivars, 2009-13

 

 

DECÁLOGO DE ESCLAVOS (camera-off)

(en proceso)

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VERSIÓN 1.

DECÁLOGO DE ESCLAVOS (camera-off) es un proyecto audiovisual, una video-instalación, que trata de suscitar, de manera autorreflexiva, el debate en torno al poder de los medios audiovisuales para configurar la realidad que nos toca vivir y dotar de sentido la manera en que nos contamos las cosas que nos pasan.

En una medial-democracia -como en la que estamos inmersos desde hace varias décadas debido al auge incuestionable de las tecnologías de la información y la comunicación-, la realidad ya sólo parece configurarse a través de la imagen electrónica.

Todos parecemos necesitar de la presencia de los mass-media para hacer visibles nuestras vidas, y no dudamos en convocarlos: para hacer visibles situaciones de ignominia en las que las víctimas han de reclamar la mirada de los otros; o para comercializar cualquier tipo de producto, incluida la propia intimidad; o para ejercer dominación sobre las poblaciones a través del miedo o de la seducción; o para conseguir el éxito social y consolidar después un cierto statu quo; o para hacer lo que hacen todos, puro mimetismo; o para ejercer el proselitismo en cualquier campo de acción; o para ejercer la crítica de manera aplastante; o para sentirse seguro rodeado de cámaras de vigilancia; o para sentirse amado; o para… simplemente existir. Ser-mediático.

 Esta perversión, tanto de la realidad misma como del uso espectacular y viciado de los medios de comunicación, parece estar dando lugar a una nueva raza de esclavos seducidos por el poder omnímodo de los mass-media al que se someten desde los individuos más o menos anónimos a las espectacularizadas vidas de los profesionales de cualquier índole; desde las corporaciones financieras y multinacionales de cualquier sector productivo hasta los poderes políticos de más alto rango; desde los sistemas de creencias más arraigados hasta los fenómenos culturales en principio menos entregados a las masas…

 En un mundo entusiasmado mediática e informacionalmente, esta reificación de nuestras vidas y de nuestro entorno es el tema central de DECÁLOGO DE ESCLAVOS (camera –off).

Tirar de las cámaras para que nos sigan a todas partes y constituyan una suerte de panóptico en el que todos hemos de ser visibles, hipervisibles (para obtener rendimiento del tipo que sea o simplemente, como decíamos, para existir), supone un ejercicio de autoesclavitud que asumimos con ciertas dosis de ingenuidad, indolencia o cinismo.

DECÁLOGO DE ESCLAVOS (camera –off) es pues un ejercicio de autorreflexividad realizado con medios audiovisuales para ejercer la autocrítica de esos propios medios (pero sobre todo de su uso insostenible e irresponsable) en un contexto en el que parece que no existe opción a esta alternativa hipermediática.

Y, sin embargo, los medios no son nada sin nosotros. No hay nadie detrás de las cámaras, sólo delante, tirando de ellas. El espectador pasivo ha muerto, lo sustituye el actor protagonista de todo cuanto acaece y que, sobre todo, da ejemplo. Pero, quizás, también quepa preguntarse para qué tanta visibilidad si ya casi nadie mira, o casi nadie ve.

DESCRIPCIÓN

En una sala de unos 80 a 100 metros cuadrados se disponen diez pantallas de proyección en forma de círculo, dejando un cierto espacio entre ellas para que los espectadores puedan acceder a la zona de visionado. Las pantallas de proyección de aproximadamente 200 cm de ancho (en formato 4:3) están suspendidas del techo de la sala. Los proyectores de datos se sitúan, también suspendidos del techo, en el centro del círculo sobre una plataforma diseñada a tal efecto.

En cada una de las pantallas aparecen imágenes videográficas en las que una persona está tirando de una cuerda (realmente está tirando de la cámara) y hace que el espectador siga su trayectoria. Mientras tiran de la cámara narran aquellos aspectos de su vida o de su interés que requieren atención mediática.

No hay, por tanto, operador de cámara; al menos, no hay nadie detrás de la cámara.

En cada momento, diez personas de aspecto diverso (distintos género, raza, edad, complexión física, etc.), también el autor, tiran de una cámara que supone el -off de la escena. Aunque, de algún modo, ése –off esté constituido por el espectador que se encuentra en la sala de exposiciones, se tira de la cámara y, por tanto, del espectador.

Cada uno de estos “esclavos”, arrastran por el suelo “su cámara”. Por supuesto, en cada escena, sólo se puede apreciar la imagen de una sola persona que tira de una cuerda a la que va siguiendo el rectángulo que supone el campo de visión de la imagen.

 Los sonidos de esfuerzo provenientes de las gargantas y los pulmones de cada una de las personas -arrastrando un elemento relativamente pesado por el suelo- son audibles desde cada una de las zonas de proyección.

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VERSIÓN 2.

DECÁLOGO DE ESCLAVOS (camera-off), VERSIÓN 2, es un proyecto audiovisual, una video-instalación, que trata de suscitar, de manera auto-reflexiva, el debate en torno al poder de los medios audiovisuales para configurar la realidad que nos toca vivir y dotar de sentido la manera en que nos contamos las cosas que nos pasan.

En una medial-democracia -como en la que estamos inmersos desde hace varias décadas debido al auge incuestionable de las tecnologías de la información y la comunicación-, la realidad ya sólo parece configurarse a través de la imagen electrónica.

Todos parecemos necesitar de la presencia de los mass-media para hacer visibles nuestras vidas, y no dudamos en convocarlos: para hacer visibles situaciones de ignominia en las que las víctimas han de reclamar la mirada de los otros; o para comercializar cualquier tipo de producto, incluida la propia intimidad; o para ejercer dominación sobre las poblaciones a través del miedo o de la seducción; o para conseguir el éxito social y consolidar después un cierto statu quo; o para hacer lo que hacen todos, puro mimetismo; o para ejercer el proselitismo en cualquier campo de acción; o para ejercer la crítica de manera aplastante; o para sentirse seguro rodeado de cámaras de vigilancia; o para sentirse amado; o para… simplemente existir. Ser-mediático.

Esta perversión, tanto de la realidad misma como del uso espectacular y viciado de los medios de comunicación, parece estar dando lugar a una nueva raza de esclavos seducidos por el poder omnímodo de los mass-media al que se someten desde los individuos más o menos anónimos a las espectacularizadas vidas de los profesionales de cualquier índole; desde las corporaciones financieras y multinacionales de cualquier sector productivo hasta los poderes políticos de más alto rango; desde los sistemas de creencias más arraigados hasta los fenómenos culturales en principio menos entregados a las masas…

En un mundo entusiasmado mediática e informacionalmente, esta reificación de nuestras vidas y de nuestro entorno es el tema central de DECÁLOGO DE ESCLAVOS (camera –off).

Tirar de las cámaras para que nos sigan a todas partes y constituyan una suerte de panóptico en el que todos hemos de ser visibles, hiper-visibles (para obtener rendimiento del tipo que sea o simplemente, como decíamos, para existir), supone un ejercicio de auto-esclavitud que asumimos con ciertas dosis de ingenuidad, indolencia o cinismo.

DECÁLOGO DE ESCLAVOS (camera –off) es pues un ejercicio de auto-reflexividad realizado con medios audiovisuales para ejercer la autocrítica de esos propios medios (pero sobre todo de su uso insostenible e irresponsable) en un contexto en el que parece que no existe opción a esta alternativa hiper-mediática.

Y, sin embargo, los medios no son nada sin nosotros. No hay nadie detrás de las cámaras, sólo delante, tirando de ellas. El espectador pasivo ha muerto, lo sustituye el actor protagonista de todo cuanto acaece y que, sobre todo, da ejemplo. Pero, quizás, también quepa preguntarse para qué tanta visibilidad si ya casi nadie mira, o casi nadie ve.

DESCRIPCIÓN

En una sala de unos 80 a 100 metros cuadrados se disponen, distribuidas por la sala (sobre paredes, suelo, techo, pedestal, etc.) ,  diez pantallas  de distinto tipo y formato (televisores, plasmas, pantalla de proyección,  muro, pda’s, ordenadores,  móviles, etc. con sus respectivos medios de reproducción.

En cada una de las pantallas aparecen imágenes video-gráficas en las que aparecen personas (también el propio autor) tirando de una cuerda (realmente está tirando de la cámara) y hace que el espectador siga su trayectoria. Mientras tiran de la cámara narran aquellos aspectos de su vida o de su interés que requieren atención mediática.

No hay, por tanto, operador de cámara; al menos, no hay nadie detrás de la cámara.

En cada momento, diez personas de aspecto diverso (distintos género, raza, edad, complexión física, etc.) tiran de una cámara que supone el -off de la escena. Aunque, de algún modo, ése –off esté constituido por el espectador que se encuentra en la sala de exposiciones, se tira de la cámara y, por tanto, del espectador.

Cada uno de estos “esclavos”, arrastran por el suelo “su cámara”. Por supuesto, en cada escena, sólo se puede apreciar la imagen de una sola persona que tira de una cuerda a la que va siguiendo el rectángulo que supone el campo de visión de la imagen.

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