HILVANANDO MUNDOS| ivars, 1997

 Esto no es un catálogo (Hilvanando mundos), Madrid, Cruce, 1997 

 

La exigencia de sistema es una falta de honradez.

                                                                                                                                                  F. Nietzsche

 

La manera más ingeniosa de hacerse un tonto es a través de un sistema.

                                                                                                                   Conde de Shaftesbury

 

ESTO NO ES UN CATÁLOGO  (Hilvanando mundos)

Esto no es un catálogo, es una impúdica exhibición de lo que seguramente no soy. Debemos parecer sinceros.

También escribiendo necesito hilvanar mis pensamientos a los de otros; siempre se piensa en compañía.

Fragilidad también de mi escritura sólo capaz de esbozar proyectos, proyectos discontinuos. Exhibicionismo del tartamudeo que se esfuerza en hilar frases produciendo aun más interrupciones, irrupciones, erupciones, eructos, pedos. Alternancia de lo sólido y lo gaseoso. El culo como punto de fuga. El pedo como unidad discreta.

Compulsividad también del paranoide enganchado a lo que sea y enganchando lo que sea para justificar su delirio. Suprema imbecilidad, justificar el deseo: tirarse pedos y meterlos en tubos de ensayo para que simulen pensamientos.

Pedorreta intermitente / pensamiento intermitente: Locura discontinua / lucidez discontinua.

 No más arte alternativo. Arte discontinuo. Apenas arte, casi arte.

PROYECTO DISCONTINUO

1. INTRODUCCIÓN

Encarar la complejidad del mundo y de la propia existencia es una tarea inabarcable, sin éxito de antemano. Conocido esto nos arriesgamos de todos modos en el laberinto. Cada uno inventa su tránsito o su manera de transitar por la complejidad. El artista además lo comunica y para ello requiere de la forma.

La estrategia que utilizo es la secuenciación de segmentos (línea discontinua) y las tácticas, los distintos modos de relación de esos segmentos con cualquier tipo de realidad o ficción que me interesen. Es decir, simular un modelo de sistema-obra abierto que me sirva de herramienta para caminar e intentar comprender el mundo que nos rodea.

En las páginas que siguen intentaré (aún a riesgo del destripamiento) dar ideas para la comprensión de un trabajo que en realidad es ininteligible.

2. EL ARTE COMO CONOCIMIENTO

El verdadero artista revela verdades místicas al mundo[1].  En esta frase se habla de lo oculto, del misterio, de lo que los epistemólogos han llamado Azar Ontológico: contingencia pura que actúa ciegamente en el universo, a diferencia del Azar Epistemológico: azar fruto de nuestra ignorancia.

El conocimiento se busca para tranquilizar nuestro miedo, de modo que  cualquier ensimismamiento del arte sería, en realidad, la búsqueda de un refugio sin querer mirar fuera: autismo. Pero el arte trata, no sólo, de comunicar, comunicarse, conexionarse. Sin embargo, el teorema de Gödel nos descubrió que no es posible la completud, la total conectividad mediante lenguajes formales o axiomáticos, de modo que quizá el arte, con su capacidad de simulación, nos ayude a formular la apertura y la infinitud para poder abarcar las materias y los dominios, los mundos más diversos.

La utilización de la línea discontinua serviría como la proyección de una imagen en su intento de formular la conectividad aún a sabiendas de que se trata de un mero simulacro que sólo tiene cabida en el terreno de la imaginación y no en el de los métodos científicos. Pues aunque se generan hipótesis, éstas no admiten el sometimiento a los criterios de falsación  ni de verificación. Son hipótesis para comunicar algo que sabemos es ininteligible, pero que acaso sea de alguna manera comprensible.

3. SOBRE LA COMPLEJIDAD

Muchos, y de orígenes muy diversos, son los autores, pensadores y artistas, que están sugiriendo que el concepto de complejidad, a pesar de las malas interpretaciones que de él se hagan, tiene carácter paradigmático. Parece pues que en este momento la complejidad es un concepto cultural clave y asumirlo es intentar zafarse de las simplificaciones.

Si utilizo un modelo extensivo, los segmentos, unidades carentes de significado preciso que se articulan en líneas discontinuas, estoy en realidad trazando caminos, haciendo mapas, acotando espacios de manera imprecisa y transitando con un signo por las superficies más diversas. Asumir la diversidad, la multiplicidad, es asumir la complejidad (complexus; lo que está tejido de conjunto); es tramar, hacer una red, que responde a una estrategia (no a un programa), la de crecer enriqueciéndose con su contacto con lo demás. Cada contacto reclama una redefinición de la red, una relectura del tejido, de la totalidad, pero el tejido no dejará de ser el mismo; Unitas Múltiplex. Algo parecido pasa con los modelos de Inteligencia Artificial basados en las Redes Neuronales, Conexionismo, en los que su funcionamiento en árboles paralelos producen una redistribución de la información- dotada de intensidades- de modo que aunque una parte del sistema se bloquease el resto supliría el funcionamiento de la parte averiada; este modelo – a diferencia de los Sistemas Expertos, por ejemplo- puede trabajar con cierto grado de imprecisión, como el ser humano, y parece ser el modelo ideal para facilitar el aprendizaje de las máquinas y la elaboración de tareas complejas, como el reconocimiento de patrones, la visión artificial, los programas de simulación etc.

Trabajar con la línea discontinua es trabajar con cierto grado de imprecisión, constatar la borrosidad de los límites y la discontinuidad de los trayectos, asumir las dificultades de lo complejo, asumir lo precario de nuestra situación, pero sin abandonarnos al puro  capricho y a la gula poco discriminadora de que todo lo masticable es comestible. Asumir la complejidad requiere la ductilidad del pensamiento no su debilidad.

 

El pedo y el logos (y el segmento)

 El pedo, como el logos, emitido en determinada frecuencia sonora. Radares especializados captan el mensaje intermitente, fraseos. Su ritmo comunica las desavenencias intestinales/cerebrales: duro contra blando, utilizable contra desechable, tóxico contra curativo. Complejidad escatológica resuelta en información sonora discontinua.

Pero el sonido es lo perceptible: verbo-ruido. El gas es otra cosa, se escapa a la percepción habitual, mudo, infiltra todos los lugares.

Pedo-logos, apenas resúmenes de lo que dentro ocurre. Pedo-logos-segmento, cadenas de eslabones voluntariosos tejiendo redes de comunicación, pedorretas, balbuceos, tartamudeos: insuficientes, sólo les queda exhibirse, exhibir su minusvalía, subir a escena y mostrar el patetismo del pretencioso que sabe que lo es.

Y el gas, la mente gaseosa, el gas de la risa, ocupando con su ironía los enormes vacíos entre los pedos, las palabra, los segmentos. A veces lo olemos y como perros, buscamos el origen de la hediondez. Con nuestra red hecha de pedos-palabras-segmentos intentamos atraparlo. Con lo que tenemos lo perseguimos, dando manotazos con el cazamariposas en una extraña danza para ciegos.

Exhaustos caemos en el abandono y dormimos. Pero la risa vuelve, volvemos a oler el fatídico gas que nos despierta de nuevo. Volvemos a sentir la humillación y, en una inexplicable resurrección de la voluntad, comenzamos nuevamente la tarea de tejer otra malla aún más tupida, hecha de pedos-palabras-segmentos o lo que tengamos a mano, en la boca o en el culo.

4. LA LÍNEA DISCONTINUA

La línea discontinua aparece desde antiguo como la representación de lo contingente, secundario, en definitiva: el proyecto. Al tener esas ligeras connotaciones de ser algo no definitivo, permite apreciaciones de dinamismo, probabilidad y variabilidad. Se caracteriza por tanto como un ensayo superpuesto a cualquier tipo de acontecimiento al cual se hilvana.

El carácter discontinuo de la línea la significa ambiguamente como contingencia, proyecto, probabilidad, transparencia, definición borrosa, articulación, límite transitable, relación., etc.

La línea discontinua como frontera porosa, permeable, que permite la apertura del sistema; frontera transitable. Pero, y esto es fundamental, no deja de ser una guía, que además de tejer caminos proyectándose al futuro, me sirve – como las miguitas de pan a Pulgarcito – para recuperar el camino (los pájaros no comen segmentos, aunque hay buitres que…)

5. EL SEGMENTO (PARTÍCULA CONCEPTO-FRONTERA)[2]

Advirtiendo que en su origen no es un estilema, sino una herramienta de carácter funcional, se  me podría preguntar: ¿por qué el segmento y no el punto como unidad discreta de la línea discontinua?. Porque el segmento implica dirección, movimiento, y desaparece así la connotación de átomo o partícula atómica que en el punto sí se mantiene.

El segmento forma parte de una secuencia, de una concatenación de eslabones (contradicción de la cadena discontinua, abierta). Una intención que se dirige a, que se entrelaza con, por la que transitar hacia – unidad compleja al relacionarse con otros mundos- y que al mismo tiempo sugiere mucho más el concepto de frontera que el punto.

6. SIMULACIÓN DE SISTEMA-OBRA ABIERTO[3]

       Si al plantear los recorridos con las líneas discontinuas se establecen estructuras sobre las que se organizarán elementos de otro carácter, con los que se relacionarán funcionalmente-formalmente, estos recorridos están actuando si no como un sistema abierto sí como una buena simulación.

Los nutrientes externos (desde los temas, las técnicas, los conceptos, las demás corrientes artísticas, la ciencia, la tecnología, la vida cotidiana, los materiales, el mercado, la política, etc.), en principio ajenos a la propia estructura, son los que están recaracterizando, redefiniendo la red sin que por ello se disuelva. Si esta estructura, reticular y peregrina, permite la contaminación, es para seguir siendo la misma.

Paul Valéry decía que una idea fija no puede ser una idea. En efecto, la línea discontinua, mejor, la red que va tejiendo, no es una idea, es fija pero es sólo una metáfora – diríamos formal- en la que se enlazan y enredan, formando cuerpo, otras metáforas. O mejor aún, supongamos que se trata de un metaconcepto referido al tránsito, a la complejidad, a la migración de conceptos, etc. Y sobre él y enlazándose con él van apareciendo ideas que se nutren de él y a él lo nutren. Esta simbiosis, esta relación mutua es lo que me interesa, pues uno sin el otro quedarían en un caso como una idea hueca, vacía, y en el otro como un anecdotario de ocurrencias, un catálogo de fugacidades.

La simulación de este sistema me permite la articulación necesaria como para creer que el trabajo que hago está vivo, es decir me cuesta ver obras como más antiguas o más nuevas; así, en conjunto, se me aparece como un todo reticular y sincrónico en permanente revisión. Y, en el límite, no es tanto la apertura del propio sistema lo que me interesa, cuanto la apertura que un trabajo de este tipo genera, pues muchos de los productos artísticos, considerados obras abiertas, han sido incapaces  de salir fuera de sí mismos -mediante actos reductores han limitado la generación de sentido- y han caído en fenómenos de autofagocitosis y endogamias con resultados a menudo estériles o previsibles en cuanto a la apertura se refiere.

La estructura abierta, su simulación, debe serlo hasta el punto de poder articularse con otras estructuras cerradas, haciendo que esa articulación conduzca de nuevo a la apertura. Estar abierto no sólo para que se extraigan sentidos diversos, sino también para permitir la circulación de sentidos y ofrecer la apertura como lugar de comunicación y no de ensimismamiento.

 El límite[4]

 (Hay algo que podría ayudarnos a sacar los pies de la cama en cada  amanecer: continuar la resistencia en el frente de las simplificaciones, en los campos de exterminio del sistema binario, en los campos minados de las dicotomías estereotipadas, en los cuarteles generales de los sistemas altamente jerarquizados, en las trincheras de la tradición, en los búnkeres de la especialización).

Pensar el límite, como se piensa el vacío virtual de un intestino. Ni ocupado por una mierda blanda, acomodaticia a su contenedor, ni ocupado por el fruto de un estreñimiento pertinaz que angula y rectifica la natural curvatura de las entrañas. ¿Existe un hiato pensable entre lo que llamamos pensamiento sólido y el blando?

Pensar un límite que podría contener el vacío sabio pero no lo hace y bendecir la marginación a que es sometido todo pensamiento que es irreductible a un par de frases fertilizadas con abonos ya conocidos y fines publicitarios.

Vivir el límite, sentir el vértigo de la cuerda floja, el tránsito lúcido por su propio temblor, el riesgo más fatal que voluntario, y la ocasión de la caída como la precipitación en un vacío que a modo de infinita sala de espera nos recuerde que todo tiempo lo es de espera.

Construir el límite, flexible y articulado, tan artificialmente maquínico que no se aprecie su maquinaria. Tan lejos de lo natural como preparado para la comprensión de lo real. Un límite versátil pero no delicuescente, engrasado pero no lúbrico. Construir el límite a medida que caminamos y transitar su cada vez más delgada superficie a fuerza de precisión, buscando su manifestación extrema más allá de su mirada

Navegar en el límite, en el estrecho horizonte de todos los mares. Tejer infinitas estelas que nos recuerden que no existe un solo camino a casa, un único camino a la morada en que un hombre se siente humano. Y sentir que no existe rumbo equivocado, que el error es la búsqueda de un destino sin advertir que el auténtico hogar es nuestra piel.

Plegarse en el límite, pues no son tiempos de esencias sino de pliegues, como sabiamente nos dice Deleuze sobre Leibniz. El pliegue como límite en el que se confirma la diversidad de su apariencia y la unidad de su contenido; la diversidad de su contenido y la unidad de su forma.

Hacer arte en el límite, siempre seguramente entre esto y aquello, indeterminable y nómada (no confuso ni errático). Arte que, como una herida anónima, se abra a la contaminación para ser otro sin que deje de supurar como siempre. Que cicatrice y se vuelva a abrir. Un límite eterna y alternativamente abierto y cerrado, como una línea de segmentos compuesta por mónadas-nómadas, una suerte de síes y noes articulados para la peregrinación infinita, para la búsqueda de su propia imagen. Un encuentro tan aplazado, tan pospuesto, como la cita con la verdad.

7. EL HILVÁN

Hilvanar con segmentos, apenas pespuntear una relación. Desvalorizar el objeto pero no las relaciones. No se trata de soldar realidades, sino de solidarizarlas para que cada una pueda seguir siendo ella misma, para que cada fragmento no deje de ser fragmento y en su humilde colaboración sentirse todo. Obras como pequeños momentos luminosos, y entre ellos líneas finas y tensas (discontinuas, como recordatorio de su precariedad), dibujando constelaciones, mapas de entendimiento.

Como nos recuerda Jankelevitch[5], subsiste en nosotros alguna totalidad; el desapego no ha sido lo suficientemente eficaz para hacernos abandonar esa idea.

Muchas de las corrientes de vanguardia y de las de mediados del siglo veinte han recurrido a la monstruosidad, en el sentido que sea, para hacer abordable el conocimiento de la realidad y la expresión de lo real. De lo profundamente real. La deformación se  ha utilizado para forzar a la realidad a decir algo que queríamos dijera. Pero ¿se nos ha ocurrido que bastaba con rozarla? ¿se nos ha ocurrido que tocar la superficie del mundo puede ser suficiente para redefinirlo? ¿habíamos pensado que el simple trazado de líneas sobre los objetos, los espacios, los seres, nos hacen descubrir otros seres, otros espacios, otros objetos, sin tener que recurrir al grado de manipulación grosera que ha conducido a la deformidad, a lo teratógeno, de manera sistemática? Nos dice Chantal Maillard que el mal de superficie aqueja a aquellos que no poseen el arte del deslizamiento[6]. Y deslizarse, apenas rozar las superficies, es algo cercano a la caricia, pero la caricia del viejo sabio -no la del inocente- que arrastra la complejidad de su vida con pasitos cortos y que con cada gesto tierno no sólo recoge el calor vital del cuerpo que toca, sino que transmite a ese cuerpo las memorias y las amnesias de toda una existencia trazadas en las interrumpidas líneas de sus manos.

Un suceso[7]

 En una pequeña almohada, que por alguna razón se encontraba en mi estudio, había escrito – en uno de esos accesos de intranquilidad que menudean en mi conciencia – la frase “Con Fe” realizada con precisos segmentos a tinta.

Me rondaba la idea de que cuando uno va a dormir deposita su cabeza en la fisicidad de la almohada y la mente en algún regazo del lenguaje.

Abandoné la almohada en un rincón. Meses después vino a casa un amigo artista, un amigo, Rafa Quintero. Lo mejor que pude ofrecerle para dormir fue una cama improvisada en mi estudio. Le puse una funda a aquella almohada y durmió varios días sobre ella.

Era el mes de julio. Veladas llenas de conversaciones y amistad. Cuando se marchó me dispuse a recomponer el estudio para volver a trabajar. Retiré la funda de la almohada y vi que las letras, los segmentos de que estaban hechas , se habían desvanecido en parte. La tinta se había corrido.

Fue el sudor de mi amigo, quién sabe si de sus lágrimas. La titulé El sueño de Rafa Quintero.


8. METÁFORA CONTINUADA

Ritmo y juego, metáforas continuadas del universo, vaivenes en los que se entremezclan acontecimientos azarosos, otros ritmos, otros juegos. La repetición del segmento, su ritmo interno, su alternancia con el vacío de su ausencia, se me antoja como una oración o como un estribillo y por encima y por debajo de él, y enlazándose con él, la vida cotidiana,  otras ideas, otros aconteceres, otros momentos. Y jugársela en cada caso.

Hay quienes han buscado la esencia y han olvidado las relaciones, y olvidaron también que en toda comunicación, en todo mestizaje quizá radique la mayor pureza. ¿No es el mundo una permanente recombinación? Desde el ADN hasta la información, el pensamiento, el arte, las relaciones personales y naturales ¿no son continuas redisposiciones de sus elementos?: jugar con ellos mismos para ser otros y seguir siendo quienes son, jugar con otros para seguir siendo los mismos.

Pero esta permanente recombinación sólo genera sentido cuando el juego, el arte, como nos dice Gadamer[8], se transforma en construcción, en algún tipo de construcción que tiende cada da vez a ser más compleja. Y jugársela. Pues como nos dice el propio Gadamer todo jugar es un ser jugado.

 

La trampa

(Breve monólogo en tres actos)[9]

 Presentación (acto primero)

(El autor entra en escena, se sienta de espaldas al público y se mira en cien espejos que hacen de decorado. Inicia el monólogo)

 

Del arte se esperan quizá demasiadas cosas, y de la ciencia también. Muertos dioses y diablos y con los metafísicos en plena agonía, se demanda de artistas y científicos lo que aquéllos nos negaron. Por sustitución. Y caímos en la trampa. Como prótesis demiúrgicas nos dejamos convencer, no sin evidentes muestras de vanidad, de que éramos la guía del hombre nuevo hacia la tierra prometida.

 Pero no hay forma ni fórmulas magistrales. Impelidos por nuestra  encomendada tarea de héroes, aventureros de lo social y de lo espiritual, de la transformación filosofal, hemos recorrido el mundo en busca de la piedra que los alquimistas ya habían olvidado.

 

Nudo (acto segundo)

(De la tramoya comienzan a salir cabos sueltos acercándose al autor que los va anudando en sus manos. El autor calla pero se oye su voz en off)

 

Marionetas de nuestra propia confusión nos convertimos en los listillos del timo de la estampita, ofreciendo imágenes de salvación a cambio del aplauso de los ingenuos, de los que realmente sólo hemos recibido la burla de su encargo y el reflejo de nuestras aporías. ¿Cuánto equilibrista dogmatizando? ¿Cuánto redentor que no conoce más que el fango de sus lagunas? ¿Cuánto ácido tamponado finalmente por el poder? ¿Cuántas persuasivas simplificaciones? ¿Cuántos iluminados e iluminadores de corriente alterna?

Pretendimos transformar la vida, hacerla sinónimo de arte. Aguzamos el ingenio (nuestro más traidor y solidario compañero de viaje) hasta la extenuación. Y todo para responder (¿responder?) como oráculos improvisados ante una audiencia sorda por vocación y sensata por acomodo.

Qué enfermedad la de algunos la de considerar su hora como la cero. Somos segmentos de espacio y tiempo. Nudos, en velocidad, apenas depositarios de un instante. Nudos minúsculos en la infinita red de acontecimientos. Nudos: desnudos. Ni siquiera podemos vestirnos de artífices del mal -¡pretenciosos!- sólo somos sus usufructuarios. Los homo sapiens no pusimos la mierda en nuestras cabezas, la removemos ¡que no es poco! Y sabemos que en la derrota diaria lo peor es -no el dolor- desconocer al enemigo.

 

Desenlace (acto tercero)

(El autor sale por el pasillo tirando de las cuerdas que lleva en sus manos y se dirige al exterior. Un coro de voces del autor  hablan en off)

 

Después del cansancio último, retomemos el camino con ignorancia asumida, sin mirarnos en los espejos narcisistas ni proyectar espejismos fértiles en la aridez de las almas. Continuemos, aliados con la fatalidad y conectado el autofocus, empujando el muro de las apariencias del que formamos parte. No lo derribaremos, pero quizá algo cambie y se abra un resquicio en esa parte que somos cada uno.

Abandonemos los fuegos de artificio y sigamos peregrinando, haciendo noche junto al calor de nuestro candil, pequeño y próximo, una diminuta ilusión que consigue que nuestros ojos brillen sin cegarnos y multiplique los destellos en otros y otros ojos para que, algún día, caiga la máscara del Absoluto y reconozcamos al verdadero agresor: hasta podríamos perdonarlo, al fin y al cabo este oficio es el de la… comprensión.

 

(El autor, desde el exterior del edificio, hace su último esfuerzo dando un fuerte tirón de las cuerdas. Cae el telón y se derrumba el techo del teatro. No hay víctimas)

          El autor

 

 El Calco (epílogo)[10]

 

Nosotros seguimos sirviendo. Nuestros actos siguen presionando. Y calcando a los poderosos, Ellos/Nosotros, los mismos.

¿Quién distingue? ¿Qué distingue? ¿El grado? ¿La altura?

El límite también tiene superficie. ¿Quién es el aduanero de su anchura? Nosotros/Ellos, los mismos.

El límite, la cicatriz, pica con los cambios de tiempo y uno ya no se pregunta si ahora toca, sólo se rasca y va de chico listo.


[1] NAUMAN, Bruce, Texto escrito en tubería de neón, 1967.

[2] Partícula concepto-frontera, noción utilizada por Edgar Morin en Introducción al pensamiento complejo, Barcelona, Gedisa 1995,p.156

[3] Resulta de interés comparar la noción de sistema abierto utilizada por Edgar Morin a lo largo de su obra y la noción de obra abierta estudiada por Umberto Eco en diversas ocasiones.

 [4]El límite, texto publicado en la publicación periódica de la Galería Fernando Serrano, 1994, Moguer,Huelva.

 [5] JANKELEVITCH, Vladimir, La ironía, Madrid, Taurus, 1982, p.23.

[6] MAILLARD,Chantal, La razón estética, Barcelona, Laertes, 1997

[7]Un suceso, texto publicado en el catálogo “El espejo tachado”, a propósito de la exposición de Rafael Quintero, 1996, Palma del Rio, Córdoba.

 [8] GADAMER, Hans George, Verdad y Método, Salamanca, Edc. Sigueme, 1998,p.161. Id. P. 149.

[9] La trampa, texto publicado en el catálogo de la exposición Segmentos, Málaga, 1994

[10] El calco, texto escrito a propósito de la instalación del mismo nombre, Granada, 1993

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