INFORMATEADOS | ivars, 2004

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ADVENEDIZOS E INFORMATEADOS. ULISES Y EL ESCARABAJO PELOTERO

Catálogo digital de la exposición Informateados. Galería Raquel Ponce, Madrid, 2004

 INFORMATEADOS es una exposición en la que se presentan las relaciones y conflictos entre la formación, la información y la informatización en la vida de los seres humanos en una época a la que algunos comienzan a llamar post-humanista.

A través de la pizarra -seguramente la primera pantalla institucionalizada mundialmente-, como material de uso para la transmisión de saberes (la alfabetización, la formación y la instrucción)- y los medios de comunicación televisuales (producto de la revolución de la transmisión de información gracias a las nuevas tecnologías) se establece un diálogo a-paralelo entre ambos tipos de pantallas poniendo de manifiesto sus diferencias y sus similitudes y, en último término, las consecuencias que para los humanos han supuesto ambos medios como “formateado” de las estructuras mentales.

Una pizarra recorre todo el perímetro del espacio expositivo, y en la variación de cinco ambientes diversos (la escuela, el espacio público, el lugar de trabajo, la privacidad de la vivienda y el espacio final de reflexión) se conjuga con los medios de comunicación (pantallas de diversos formatos) estableciendo relaciones problemáticas o de coincidencia con ellos.

En la pizarra, a medida que profundizamos en la exposición, se va organizando una extraña trama con elementos diversos de configuración progresiva que evolucionan desde el aprendizaje de contenidos habitualmente docentes pero también doctrinarios, pasando por las imposibilidades e impotencias en forma de lista de verbos en forma reflexiva pero imposibles (abducirse, crucificarse, lloverse, etc.) hasta la disolución de los contenidos en una pura tautología de la red de comunicación en forma de mapa que también configura una especie de jaula virtual (o académica) . En las pantallas televisuales se suceden cinco combinaciones diversas:

La fluctuación –el vaivén-, las inversiones rítmicas de imágenes en positivo y negativo, los bucles, la discontinuidad, el trazado de redes, son aspectos funcionales y morfológicos con los que comparar la manipulación “formativa” con la “informativa”, uno de los trayectos esenciales -no lineal, ni único- de una exposición que no pretende ser exhaustiva ni dar respuestas morales a las consecuencias del “informateado” de las conciencias humanas, sino cuestionar las relaciones complejas de los diversos ámbitos de la vida, de un asunto que parece interesarnos a todos, especialmente en estos últimos tiempos en los que la simplificación del terror y de la amenaza constante -por ejemplo, y provenga de individuos aislados, de pequeños grupos, de los estados o de organizaciones nacionalistas o transnacionales-  es considerado por algunos como un medio de expresión y otro modo de informateado.

ULISES Y EL ESCARABAJO PELOTERO. (Advenedizos e informateados)

 Entre Ulises y el escarabajo pelotero existe una relación secreta, cómplice; como entre Penélope y la pelota. Quizá podamos entendernos. En Grecia, Homero, antes que Platón y a diferencia de los chinos, por ejemplo, nos mostró el mundo claramente dividido, especializado, en “espacios Ulises” y “espacios Penélope”, en escarabajos y pelotas. Ulises y Penélope son maquinarias psicofísicas independientes reunidas por Homero en una unidad metafórica-metafísica (trascendente) que es la Odisea, planteada como una épica de la distancia y del lugar. Mientras Ulises, el escarabajo humano, el mundano, se aventuraba en los mares y tenía encuentros con brisas y detritus del mundo, Penélope, en otro mundo, tejía una enorme pelota en la que enclaustrarse y proteger su autonomía. Ulises, el desterritorializado, el advenedizo compulsivo, el táctico, cree que sólo como advenedizos se nos ofrecen las diversas caras del mundo y, sin embargo, no deja de anhelar el regreso a casa. Penélope, la territorializada, la estratega, la informateada, se obstina en el telar para producir una red que la protege tanto como la limita, que la expande tanto como la secuestra. Y ambos, Ulises y Penélope, son la memoria respectiva, separada, de “el otro”. Es la  manera griega, y la de algunos más, de ver las cosas.

La manera china, la de sus ancestros yin y yang, y la de tantos epígonos occidentales trans-modernos, no es así. Existe una función compleja escarabajo/pelota como existe una función compleja memoria/olvido, Penélope/Ulises. Si no hay pelota, no hay escarabajo pelotero, si no hay Penélope, no hay Ulises. O se dan ambos, no en espacios distintos sino en espacios-tiempos unitarios, sucesivos y alternos, o no se da ninguno. Son funciones ambivalentes;  el Universo es una bonita colección de ellas.

¿Obedece Penélope tejiendo en casa con las estelas que va dejando Ulises en sus travesías? ¿O es Ulises, enviado por aquélla a surcar el Mediterráneo, quien alimenta con sus estelas la máquina tejedora de Penélope? ¿Es el escarabajo el supremo hacedor de la pelota? ¿O es la pelota la que alimenta la existencia del escarabajo?

Sin Ítaca/Penélope/Tierra/Red/Estrategia… Laberinto… no existe Mediterráneo/Ulises/Mar/Deriva/Táctica… Minotauro… ; sin la actitud paciente, arraigada, agrícola, domesticada, silenciosa, no existe la aventura, el riesgo, el desarraigo, la caza, la comunicación. Y viceversa. Sin confundirse con ella, el escarabajo está tan dentro de la pelota -y a la inversa (¿quién transporta a quién?)- que sus destinos ruedan y se enriquecen sólo si ambos forman una máquina de hacer mundo. La máquina Ulises/Penélope no es distinta. Ulises y Penélope son aspectos maquínico-funcionales (inmanentes) reunidos por Oriente en una unidad psicofísica mente/cerebro y que funcionan articuladas en espacios/tiempos segmentados: espacio-tiempo Ulises que deviene penélopes, espacio-tiempo Penélope que deviene ulises, y su funcionamiento es alterno y diacrónico, no continuo ni sincrónico. Espacio-tiempo escarabajo que deviene pelotas, espacio-tiempo pelota que deviene escarabajos. Verdaderas inversiones y multiplicidades. Corpúsculo y onda: función luz. Una épica de la diferencia y del momento. Hasta aquí, la que llamamos manera china.

Pero, evitando tentar los diablos del extremo, los grandes enemigos de la conciencia humana (la simplificación y la confusión), ¿no existe también una función espacio-temporal Homero/Lao-tsé? ¿O, una función Sócrates/Confucio? En fin ¿una función oriente/occidente? Una función que -como la función pantalla (pizarra o electrónica), configuradora de formatos como todas… ¿no es siempre doble y problemática? Y no hablamos de dialécticas que nos conduzcan a síntesis, sino de articulaciones espacio temporales que nos hablan de ritmos y danzas. Para… bailar con Shiva. No decir la complejidad –tan antigua como la inteligencia-, no explicitarla si no es en el terreno de la didáctica con el fin de no olvidarla; siempre estuvo ahí:  Lao Tsé, los presocráticos, la vida, Deleuze, el shivaísmo, Velázquez, el Libro de las Mutaciones, Nietzsche, Bach, el zen, la vía intermedia, Borges, el potlatch, Duchamp y un largo etcétera. Por tanto, no decir la complejidad, tratarse con ella, hacerla. Siempre dispuestos a generar rítmicamente la función inversa: ¿advenedizos y/o informateados?; siempre dispuestos a generar radicales libres mediante los que facilitar el enlace y ramificar el azar…


1.

-¿Me consideras un hombre culto y leído?

-Sin duda -replicó Zi-gong- ¿No lo eres?

-En absoluto -dijo Confucio-. Tan sólo he agarrado el hilo que enlaza el resto.

 2.

Alejandro Magno, discípulo de Aristóteles, ante la imposibilidad de desembrollar el nudo “gordiano” hecho con cuerdas que habían puesto ante él algunos sabios, desenvainó su espada y lo deshizo de un tajo.

 3.

Un miembro de la audiencia le preguntó: ”Dr. Suzuki, cuando usted utiliza la palabra realidad, ¿Se está refiriendo a la realidad relativa del mundo físico o a la realidad absoluta del mundo trascendental?”. Cerró los ojos y adoptó esa actitud característica que algunos de nosotros llamamos “hacer el Suzuki”, y en la que nadie podía asegurar si estaba en profunda meditación o completamente dormido. Tras pasar aproximadamente un minuto en silencio abrió los ojos y dijo: “Sí”.

Tratarnos con la complejidad puede ser una de las maneras de tratarnos “clínicamente”. Aunque la amputación, siempre es otra manera, “quirúrgica”, de hacerlo. O, quizás… no sea una cuestión de tratamiento sino una cuestión de diagnóstico, es decir una pregunta. Porque, como nos dice Jorge Wagensberg en su libro Ideas sobre la complejidad del mundo “responder es un proceso de adaptación y preguntar un acto de rebelión”. Y uno se pregunta, ¿es responder una actitud de astucia y preguntar un acto de inteligencia? ¿es responder una toma de poder y preguntar una voluntad de fuerza?

¿En qué estamos? ¿Cuál es este momento… un momento Confucio, un momento Alejandro, o… un momento Suzuki? ¿Cómo gestionar el devenir? ¿Mediante la invisibilidad, mediante la espectacularidad o… apenas gestionarlo? ¿Políticas de la diplomacia, políticas urgentes, o casi… políticas? ¿Arte de la complejidad, arte de emergencia o… apenas arte? ¿No son todos ellos –la variaciones de momentos, gestiones, políticas, artes- unos riquísimos espacios-tiempos que deberíamos aprender a ritmar en lugar de contribuir a que se aniquilen entre ellos? Seguramente el “Sí” de Suzuki es una de las mejores preguntas que uno puede encontrar… ¿o no?

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