A TIENTAS | ivars, 2010

A tientas

Siempre que me desnudo, gano algo: libertad, sensualidad, frescor… Y también me arriesgo a perder algo: calor, salud, autoestima… En la playa de la Zurriola yo, además, perdí las gafas. Sabido es: hay que saber nadar y guardar la ropa; pero no se trató de eso.

Había volado a Donostia indeciso entre dejarme llevar por el placer o por las dudas vulgares. El atrevimiento o la “inconsciencia” de Kepa -un compañero,  profesor de la universidad, que me encargó dirigir un seminario sobre arte y ciencias de la complejidad  me había conducido a ese estado. Pero al ver el mar desde el avión y tomar tierra, en “esa” tierra, las dudas vulgares sobre mis capacidades fueron reducidas a cero porque podría fugarme de las rutinas académicas y disfrutar un poco la vida.

La primera noche decidimos ir a tomar unos vinos al lugar del mundo más complejo en retroalimentaciones de tapas tradicionales y pinchos de diseño, y mucho más complejo aún en retroalimentaciones entre saraos convencionales y manifestaciones radicales: el casco viejo de la ciudad. Risas a lo ancho, pinchos a lo largo, vinos por lo alto, pintadas por lo bajo. Éramos cuatro “atractores extraños”[1]: Julio, un biólogo molecular quejoso de su añada pero dispuesto a no perder fuelle (“Cibermanifa”, su robot manifestante es uno de sus más conocidos logros y ahora trabajaba en su proyecto “Nacionalistas sin fronteras”); Abelardo, un físico juguetón, heredero de fabricantes de barajas españolas, que continúa la saga lúdica por medios electrónicos e intercala ironías en la marcha fúnebre de sus andares; Esther, una joven artista, exalumna y aprendiz de antropóloga que no duda en hacer de los sistemas de autoayuda anunciados por todos lados un disparate visual con el que auto-ayudarse; yo, mucho menos que ofrecer.

Tras una jornada de sesudas complejidades, la evolución del alcohol en nuestra sangre nos había descarriado por los lugares de marcha frente a la playa. Últimos tragos, todo cerrado. A la arena. Como cuatro “estructuras disipativas”[2] en mitad de la noche, mis tres compañeros de farra decidieron sensatamente sentarse a unos metros de la orilla. Yo, insensatamente, con esa tentación del turista beodo que no puede resistirse a generar la memoria del “estuve allí”, “lo hice”, “lo contaré”, me desnudé. Sin embargo, con un resto de cordura, reuní mis ropas y dejé las gafas sobre ellas, a unos metros púdicos de mis colegas. Cuando volví de generar memorias en la “fractalidad[3]” de las olas donostiarras me di cuenta de que la distancia entre mis amigos y mi ropa había disminuido. Pensé que la habrían acercado a ellos para poder reírse con más conocimiento de causa de mi peculiar anatomía. Me puse de espaldas y comencé a vestirme apresuradamente. Cuando fui a ponerme las gafas vi que no estaban.

Siempre coinciden los horarios de los últimos de la noche con los de los primeros del día. Una máquina grande y feroz estaba limpiando la arena y mis compañeros habían decidido con buen criterio mover mis ropas antes de que las engullera el monstruo del amanecer. Ahuequé la arena con mis pies y mis manos y pregunté por mis gafas. Removíamos la arena como pioneros en busca de oro, pero nos faltaba luz, y lucidez. No hubo modo de encontrarlas. Mientras nos alejábamos del lugar, las dudas vulgares del viaje en avión dieron paso a las dudas del paranoico complejo y acomplejado que todos llevamos dentro. ¿Habría sido el físico Abelardo que disfrutaba jugando al escondite con mis posibilidades para demostrarme que lo mejor para mí y para todos era que me alejara de “mi visión artificial” de las cosas?  ¿Estaba Esther, la ex alumna, auto-ayudándose con el deterioro visual de alguien que pretendía enseñar a ver “desde más lejos”?   O ¿fue Julio, mi biólogo de cabecera, quien puso en marcha ese robot gigante, limpiador de mierdas litorales, para aligerar de “mis videncias” los días venideros? O ¿fue un complot? Volví al hotel con la suma de dos cegueras, o tres.

Varias semanas después, ya en Madrid, Esther, aprendiz de antropóloga, me obsequió una broma que ella misma había confeccionado, un gadget bastante peculiar. Se trataba de unas gafas de broma de cuyos círculos oculares salía un muelle que los unía entre sí y me colgaba ligeramente sobre la nariz. Una espiral binocular y “mística”, un gusano vacío que unía ojo con ojo. Estoy seguro que ese regalo representaba un modo de “auto-ayudarme”, no sin cierta sorna, a descifrar el enigma de mis lentes desaparecidas. Pero no lo conseguí, y aunque me he comprado unas gafas nuevas, sé que desde aquella noche en el Cantábrico voy, ya para siempre, definitivamente a tientas.


[1] N. de E. “Atractor extraño” es una expresión metafórica usada en Ciencias de la Complejidad para explicar el futuro de los sistema dinámicos. Denomina aquello que produce resultados finales en estados caóticos, no deterministas. Es un modo de hacer ver que existen finales, estados últimos, que no están regidos por el destino sino por el azar. Un atractor extraño hace que resulte imprevisible toda estructura que, sensible al cambio en las condiciones iniciales, puede modificar su propia evolución. Y además, todos los atractores extraños tienen dimensiones fractales o caóticas. (Por ejemplo, la psicología de un individuo o su propia fisiología).

[2] N. de E. Las estructuras disipativas, definidas por Ylia Prigogine, Premio Nobel de Química, son aquellas que lejos del equilibrio son capaces de transformar la energía y la información del exterior para evolucionar y hacerse más complejas. (Por ejemplo, los seres vivos)

[3] N. de E. La geometría fractal (descubierta por Gaston Julia y popularizada por Bênoit Mandelbrot) de aquellos sistemas que presentan dimensiones no enteras o fraccionarias y que a distintas escalas de observación son auto-semejantes. (Por ejemplo, las ondas observadas en las distintas escalas de las olas del mar).

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies